"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños".

» Cicerón (106 AC-43 AC), escritor, orador y político romano.

domingo, 22 de noviembre de 2015

FELIPE II REY DE PORTUGAL (como Felipe I)

En 1581 las Cortes de Thomar proclamaron a Felipe II rey de Portugal. Al fin, un solo soberano regía el destino de la Península Ibérica. Con su poco disimulada animadversión hacia los castellanos, ¿cómo aceptaron los portugueses a Felipe II como rey? 

 Antecedentes

de alonso sánchez coello
Felipe II como Rey de Portugal (Felipe I) en 1580.
//Obra de Alonso Sánchez Coello.

      En 1578 moría el rey Sebastián I de Portugal en la batalla de Alcazarquivir intentando invadir Marruecos. Junto a él perecieron 9.000 de sus hombres y más de 16.000 fueron capturados. Era una derrota absoluta. Portugal se vio en la bancarrota, sin caudillo ni ejército merecedor de tal nombre. La nobleza había seguido al rey en la invasión de África y había sido práctiamente aniquilada o debía ser rescatada con enormes sumas que dejaron al país sin sus últimas reservas de plata, un elemento clave en el imperio ultramarino portugués, pues era esencialmente asiático, deficitario y necesitado de plata para comprar especias, plata que sus aún irrelevantes posesiones en Brasil no le proporcionaban. Algo que se solucionaría con la unión con España. Económicamente era una unión más provechosa para Portugal que para España.

      A la muerte de Sebastián heredó la corona de Portugal el cardenal que sería conocido como Enrique I, un hombre anciano, irresoluto e incapaz de sacar al país de la monumental crisis en que se encontraba, un rey que inevitablemente no tardaría en morir sin descendencia. Era el momento que Felipe II estaba esperando: el sueño de los Trastámara de unir la península bajo un solo cetro estaba más cerca que nunca.

Los pretendientes
pretendiente al trono de portugal
Don Antonio, Prior de Cato
(1531 - 1595). Anónimo.

      Por una parte Felipe II tenía derecho a la Corona Portuguesa como hijo de Isabel de Portugal, hija mayor de Manuel I, abuelo del difunto rey Sebastián. Sus principales apoyos fueron la aristocracia portuguesa y el alto clero.

      Por otra parte, el Prior de Cato, Don Antonio, sobrino del rey Enrique, también fundamentaba sus pretensiones como nieto de Manuel I, aunque por línea masculina. No obstante era hijo ilegítimo de Luís de Avís. Su principal apoyo fue el pueblo llano, por tradición, concienzudamente anti-castellano, así como el bajo clero.

El plan de Felipe II

por van iode, van der horst y coent wamans
Cristobal de Moura (1538 -1631).// Por Peter
 van Iode, Nicolaus van der Horst y Coent
 Wamans. Actualmente en el Palácio
Nacional de Queluz.
     Haciendo gala de su proverbial meticulosidad, Felipe II trazó su plan con sumo cuidado. Ya antes de la muerte del anciano Rey-Cardenal, Felipe II envió a la corte portuguesa a Cristobal de Moura, portugués que había llegado a la corte castellana integrado en el séquito de Juana, hermana de Felipe II y viuda de Juan III de Portugal, el hijo de Manuel I. Felipe II puso sobre sus hombros una notable cantidad de plata con un único fin: minar el apoyo del Prior de Cato y lograr el apoyo de la aristocracia portuguesa a la candidatura de su señor.

      Cristobal de Moura demostró ser un gran conocedor de las rencillas políticas de la clase dirigente portuguesa, un hábil negociador y el más eficaz servidor de su poderoso señor. Pocos meses antes de morir, Moura ya logró persuadir al Rey Enrique de que la mejor opción para la recuperación, la estabilidad y la prosperidad de Portugal, era favorecer la candidatura de Felipe II. Así, el 30 de enero de 1580 Enrique llegó a un acuerdo con Moura para que fuera Felipe II y no el Prior de Cato quien le sucediera.

      La batalla parecía ganada. Lejos de la realidad. La aprobación del Rey de Portugal, aunque suficiente para lograr el apoyo de la clase dirigente y la aristocracia portuguesas —deseosas de una unión con España que permitiera recuperar una economía en bancarrota y cada día más dependiente de la plata americana que arribaba a Cádiz—, no lo era para lograr el apoyo del anti-castellano pueblo portugués, como ya se había vislumbrado en el apoyo prestado al Prior de Cato por los representantes de las ciudades portuguesas en Cortes el 9 de enero. Por todo ello, pese a que el Consejo de regencia apoyara la pretensión de Felipe II, no se atrevería a proclamarla abiertamente.

por tiziano
Fernado Álvarez de Toledo y Pimentel,
Gran Duque de Alba (1507 - 1582).//
Por Tiziano, actualmente en la Colección
de la Casa de Alba en el Palacio de Liria
en Madrid.
      Y fue en esta tesitura que el anciano Rey-Cardenal murió. El tiempo jugaba en contra de Felipe II. Cada día que pasara crecería el apoyo al Prior de Cato, con el peligro de que el Papa ofreciese su mediación o, aún peor, que el Prior de Cato lograse el apoyo de Inglaterra o Francia. ¿Qué hacer? Felipe II ya había previsto todos los escenarios posibles y llevaba tiempo con preparativos militares por si fallaba la diplomacia. Se hizo venir al más laureado general del momento, un hombre de eficacia probada, una reliquia de la reciente etapa imperial: Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba. Felipe II concentró el ejército en la frontera de Portugal, lo puso al mando del duque y dio un ultimátum a los portugueses.

La invasión

      Transcurrido el plazo, a finales de junio, Felipe II dio orden de que el ejército se adentrara en Portugal. El Prior de Cato había logrado reunir un potente ejército de unos 30.000 hombres frente a los 20.000 españoles. Con una notable diferencia: la "flor y nata" del ejército portugués había sido exterminada en la fallida invasión portuguesa del actual Marruecos —pese a las advertencias de Felipe II y del propio duque de Alba al difunto rey Sebastian—; mientras que el más compacto ejército español estaba constituido por veteranos de los tercios, auténticos soldados de élite del momento y a las órdenes del mejor general de la época.

1580
Batalla de Alcántara de 1580.// Anónimo.
      Tan sólo fue necesaria una batalla para doblegar la resistencia portuguesa: la batalla de Alcántara de agosto 1580. Ésta culminaría en decisiva victoria española, con más de 4.000 bajas en el bando portugués y apenas 500 en el español. Lisboa capitularía ese mismo mes y el Prior de Cato huyó de la Península Ibérica.

      ¿Por qué fue tan breve la resistencia portuguesa? Además de las ya mencionadas deficiencias militares, pese a que el pueblo portugués detestara la unión con Castilla, no sólo la aristocracia y el alto clero preferían a Felipe II que al Prior de Cato, sino que en seguida los comerciantes y hombres de negocios de las ciudades portuguesas, se pasaron en seguida al bando castellano, codiciosos de la plata española. Muy significativo de lo afirmado es el hecho de que la unión con Portugal durara mientras —pero no más— aportó beneficios tangibles a la economía portuguesa.

      Como no sucediera desde los vetustos monarcas visigodos, un único soberano volvía a regir el destino de toda la Península Ibérica. Felipe II, el hombre más poderoso del mundo, había cumplido el prístino sueño de los Reyes Católicos.

La postura del conquistador

      Con Portugal de rodillas, a Felipe II se le presentaron dos opciones: bien emplear el sistema castellano de conquista, esencialmente centralista, sometiendo a las leyes castellanas e integrando políticamente Portugal; o bien el aragonés, empleando un sistema federal que permitiera la supervivencia del Estado y las leyes portuguesas bajo el cetro de la monarquía hispánica.

      Pese a que, encabezados por Granvela, los partidarios de optar por el sistema castellano y la total integración de Portugal en Castilla, eran mayoritarios en la Corte, seguros de que era la única forma de realizar las drásticas reformas fiscales que requería la dramática bancarrota de Portugal; Felipe II prefirió respetar las leyes naturales y el sistema de gobierno portugués adoptando una sorprendente postura que habría merecido el mayor respeto del desaparecido partido de Éboli.

      De esta forma en las Cortes portuguesas de Thomar de 1581, Felipe II, al ser reconocido como rey de Portugal —como Felipe I—, juró observar todas las leyes y costumbres del país, así como el acuerdo firmado por Moura y el difundo rey Enrique. Comprometiéndose así a pasar tanto tiempo como fuese posible en Portugal y uniéndose Portugal a Castilla del mismo modo que lo había hecho Aragón cien años antes: conservando sus leyes, sus instituciones y su sistema monetario.


      Los gestos de Felipe II para con sus súdbitos portugueses no se quedaron ahí, sino que cuando entró en Lisboa como rey de Portugal, lo hizo vestido con toga, sin armas y rodeado de portugueses —siguiendo el consejo de Moura—. Allí recibió las llaves de la ciudad de manos de Moura, a quien se las devolvió diciendo "tomadlas, que a vos se deben", concediéndole además el título de marqués de Castel Rodrigo. No sólo eso, sino que el propio duque de Braganza, otro de los pretendientes al trono portugués que había sido persuadido por Moura para apoyar a Felipe II, fue muy afectuosamente acogido por el monarca hispano, premiándole con el Toisón de Oro y el cargo de condestable del ejército de Portugal.

      Todos estos detalles conquistaron a los portugueses, que vitorearon al monarca castellano por las calles aclamando: "¡oh rey, mal empleado en castellanos!"

      La unión de los reinos ibéricos era total, toda la península regida por el mismo soberano. Felipe II lo había conseguido, el prístino sueño de los Reyes Católicos hecho realidad. Una ficción emergida como realidad que perviviría hasta bien entrado el siguiente siglo.

tras la unión con portugal en 1581
Extensión de la Monarquía Hispánica de Felipe II en Europa y el norte de África tras la unión con Portugal en 1580.

FUENTES:
*ELLIOTT, J.H.: La España Imperial 1469-1716, Ediciones Ejército, Madrid, 1981.
*DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: El arte de la guerra: estrategia militar hasta el siglo XX, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España, tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007.



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