"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños".

» Cicerón (106 AC-43 AC), escritor, orador y político romano.

sábado, 20 de mayo de 2017

El comerciante romano que salvó a César y reinó en África: PUBLIO SITTIO NUCERINO

Julio César.// Escultura obra de Nicolas Coustou en el s. XVII.
Actualmente en el Museo del Louvre

   Publio Sittio Nucerino. Un gran desconocido en la historia de Roma. Aparentemente un simple comerciante de provincias. Realmente: un hombre que llegó a liderar un ejército mercenario, reinar en el norte de África y decidir el rumbo de la historia salvando al mismísimo Julio César.

   Una historia digna de las más épicas epopeyas narradas por Hollywood.

¿Quién fue este hombre capaz de tan magnas proezas?

   Publio Sittio Nucerino nació en torno al 100 a.C. en Nuceria - actual Noceria, en la Campania italiana -, por entonces una ciudad itálica aliada de Roma. Durante la denominada "guerra social" de los años 90 - 88 a.C. entre la República Romana y sus numerosos aliados itálicos que deseaban la codiciada ciudadanía romana, la ciudad permaneció fiel a la capital pese al levantamiento general. Y es en este contexto que el padre de nuestro comerciante, un rico latifundista local de igual nombre, lideró la resistencia de la ciudad, obteniendo como recompensa tras la guerra la ciudadanía romana y el ingreso en el orden ecuestre.

   De modo que Publio Sittio hijo creció como ciudadano y caballero romano. Un estatus social y una posición económica que le permitieron dedicarse a los negocios por las provincias romanas. Inicialmente en Hispania, pero centrando posteriormente su centro de operaciones en una región del norte de África conocida como Mauritania, que se extendía por los actuales Túnez y Argelia..


Implicación en "La Primera Conspiración de Catilina"

   Sittio Nucerino llegó a codearse con las más altas personalidades del momento, como Lucio Sergio Catilina, Publio Cornelio Sila (sobrino del conocido dictaror) o el célebre orador Marco Tulio Cicerón. Algo que - dadas las proverbiales rencillas de la política romana - le valió no pocos problemas, pues se le llegó a implicar en la conjura conocida como "Primera Conspiración de Catalina". En la que probablemente no estuvo involucrado ni tan siquiera el propio Catalina, aunque sí Sila, que sería acusado de desplazar a Publio Sittio Nucerino a la provincia de Hispania Ulterior para sublevarla a su favor. No obstante la notable defensa de Cicerón en juicio valió la absolución de Sila y que ni tan siquiera llegara a materializarse acusación formal contra Sittio, logrando convencer de que Sittio Nucerino realizó viajes a Hispania tanto antes como después de la conjura, pero siempre por cuenta del rey de Mauritania, cuyos intereses representaba. No obstante Sila terminaría renunciando al consulado por todo el revuelo causado y Catilina injustamente marginado y abocado al fatal destino que padeció en la "Segunda Conspiración", en la que sí estuvo involucrado.

Conspiración de Catilina
Discurso de Cicerón contra Catilina (marginado en la imagen).//
Cicerón denunciando a Catilina, obra de Cesare Maccari, en 1880,
Fresco del Palazzo Madama en Roma


Ascenso en África

   Volviendo a los negocios de nuestro protagonista, en Mauritania comenzó a hacer buen dinero con el tráfico de fieras. Un lucrativo negocio de la antigüedad que le sirvió, además, para ir reuniendo un pequeño pero experimentado ejército privado, habituado  a idear tácticas para capturar y enfrentarse a todo tipo de fieras salvajes desde leones hasta poderosos elefantes, a luchar con bandidos e incluso con los temibles jinetes númidas.

   Posteriormente amplificaría su imperio comercial, dedicándose también al más lucrativo negocio del momento: el grano. Debe recordarse en este punto que Roma, en tanto centro de un prístino mundo - el romano - en constante expansión, no dejaba de crecer como capital de un imperio ecuménico, con una población que cada año dependía más de las importaciones de cereal de las provincias. De modo que el control del suministro de cereales permitía a los magnates, a modo de auténtico lobby, ejercer una poderosa presión sobre los políticos de la capital, quienes antes sufrirían las consecuencias de un pueblo hambriento.

   Precisamente estas implicaciones del negocio de la exportación de grano le condujeron a despertar recelos en la capital, siendo acusado de incumplir su contrato de suministro de cereal, condenado él y embargadas todas sus propiedades en la capital, viéndose obligado a permanecer en Mauritania para evitar su detención.

   Viéndose privado de los grandes contratos de suministro de grano con el Estado, fue progresivamente focalizando más esfuerzos en su carrera de militar que en la de comerciante. Publio Sittio, que ya contaba con un reducido aunque experimentado ejército privado, comenzó a incrementar progresivamente sus efectivos, nutriéndose de nativos mauritanos, guerreros hispanos, cazadores, veteranos o desertores de las legiones. 

   Encabezando así un potente ejército, se puso al servicio de los príncipes mauritanos, incrementando progresivamente su influencia política económica y militar en la región del 57 al 47 a.C..


Estalla la Segunda Guerra Civil

Serie Roma
César cruzando el Rubicón en la serie Roma.
   En el 49 a.C. estallaba la guerra entre Pompeyo y César, que se vio abocado a cruzar el Rubicón. En ese primer año de guerra, Juba, rey de Numidia, aprovechó la ocasión para incrementar su poder uniéndose a los partidarios de Pompeyo y aniquilando a las dos legiones de César en la zona comandadas por Curión, convirtiéndose en amo de toda la región. En cambio Sittio Nucerino permaneció expectante en esta primera etapa de la guerra.


rey de NUmidia
Retrato de Juba, rey de Numidia.//
Hoy en el Museo del Louvre.


   Tras la victoria de César en Farsalia, África se convirtió en el principal bastión de los enemigos de César. Si bien éste no desembarcaría en África hasta el 47 a.C., pero únicamente con 3.000 nuevos reclutas sin experiencia y unos cientos de jinetes, situación que aprovecharían Labieno y Escipión para acorralar a César. Quedando a la espera del rey Juba y su temible caballería númida para aniquilar a César. Una situación desesperada. Los veteranos de César jamás llegarían a tiempo.



Nucerino salva a César 

  No obstante Publio Sittio Nucerino abandonaría su neutralidad y atacaría a los enemigos de César junto a Boco II, rey de Mauritania. En una auténtica Blitzkrieg, Sittio conquistaría el puerto de Hippo Regius y Bocco una de las capitales de Juba, la ciudad de Cirta. Había salvado al mismísimo Julio César de una muerte segura, decidiendo el curso de la historia venidera.

   Seguidamente marchó sobre los dominios de la levantisca tribu de los gétulos, capturando varios fuertes leales a Juba y levantando a dicho pueblo contra el rey de Numidia, al que no dejó de acosar, asaltando continuamente sus fortalezas y cortando sus líneas de suministro.

   Un tiempo valioso que César empleó para reforzar su ejército, reuniendo a sus temibles veteranos y aliándose con los gétulos. Acto seguido atacó la ciudad de Tapso para obligar a sus enemigos Escipión y Juba a luchar, derrotando a ambos sin contemplaciones en la batalla de Tapso, que supuso el principio del fin de los enemigos de César en la guerra civil y que jamás habría tenido lugar de no ser por la gesta de Sittio.

  El monarca númida huiría a su reino, donde descubriría que Sittio había aniquilado a sus tropas y  terminaría suicidándose. Por su parte, los supervivientes enemigos de César tratarían de huir hacia Hispania - último reducto de resistencia contra César - atravesando el territorio controlado por Sittio Nucerino, que emboscaría y capturaría a Afranio y Fausto Sila para acabar con ellos poco después. Escipión lograría huir por mar, lo que no le valdría para escapar de la aún brillante estrella de César, que parecía estar verdaderamente amparado por los dioses, pues un temporal les obligaría a refugiarse en el puerto de Hippo Regius, topando con la escuadra de Sittio, que los aplastaría. Aquí varían las versiones, que van desde la muerte en combate hasta la ejecución sumaria. Personalmente me quedo con la del suicidio. Sin duda una noble muerte que bien merecía uno de los últimos defensores de la República, portador del nombre del prístino conquistador de Cartago que venciera al mítico e imbatible Aníbal: Escipión.


La recompensa de César: un reino

   César quedó absolutamente agradecido para con el hombre que le había salvado de una muerte segura, ayudándole a derrotar a sus más acérrimos enemigos del momento y permitiendo su imparable ascenso hacia el poder absoluto (tras la victoria continuaba teniendo enemigos pero ya ninguno que pudiera hacerle frente).

   No sorprende por ello que premiara a nuestro inesperado y oportunista héroe con nada menos que todas las tierras antes gobernadas por Masinisa, príncipe vasallo de Juba. Todo un reino que se extendía desde el puerto de Hippo Regius hasta el río Ampsaga - actual Wadi elKebir-  y con capital en uno de los enclaves comerciales más importantes del norte de África: la ciudad de Cirta - actual ciudad de Constantina en Argelia -. Nuestro comerciante lo había logrado, Sittio era, de iure et de facto, rey de un rico y amplio territorio en el norte de África.

norte de áfrica. Cirta
Extensión aproximada de los dominios de Publio Sittio Nucerino.


Muerte de Sittio

   No obstante Sittio parecía haber ligado su estrella a la de César el día que le salvó de una muerte segura, pues poco después del asesinato de César en el 44 a.C., Arabion, hijo de Masinisa, que había huido a Hispania y luchado con los hijos de Pompeyo, regresó a África con tropas bien entrenadas y dio muerte a Sittio valiéndose del engaño. Una muerte harto injusta para quien tanto había logrado con su ingenio y sentido de la oportunidad, pero sin duda adecuadamente similar a la del genio militar a quien había unido su suerte salvándole de la muerte. Irónica casualidad que los apasionados de las anécdotas históricas seguro sabrán apreciar.


-> ANÉCDOTA CARIÑOSAMENTE DEDICADA A LOS COMPAÑEROS DE "HISTORIA Y ROMA ANTIGUA"


FUENTES:
* MONTANELLI, Indro: Historia de Roma, Debolsillo, Barcelona, 2007.
* SANTAMARÍA URTIAGA, Enrique (Asociado de la AIER): Publio Sittio Nicerino, el hombre que pudo reinar... y reinó, ponencia en el XI Coloqui de la AIER el 20-11-2013.
* GRANT, R.G.: 1.001 batallas que cambiaron el curso de la historia, Grijalbo, 2012, Barcelona.



OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA ANTIGUA ROMA:
VALERIANO, el emperador cautivo
TRAJANO, el hispano que impulsó Roma hasta su cénit
La VERDADERA HISTORIA de TITO PULLO y LUCIO VORENO