"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños".

» Cicerón (106 AC-43 AC), escritor, orador y político romano.
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martes, 5 de mayo de 2015

ZARAGOZA NUNCA SE RINDE

[ANÉCDOTA FICCIONADA]
22/12/1808


mariano oliver
Palafox negando la rendición de Zaragoza en el Reducto del
 Pilar el 22/12/1808 junto al emisario francés con los ojos
vendados.// Obra de Mariano Oliver en 1907 y publicado como
postal bajo el título Una frase de Palafox. Col. Palá Laguna.
      Madrid ha capitulado. El general Palafox contempla las ruinas de Zaragoza desde el Reducto del Pilar. Se mesa la barba. Ya ni puede contar los muertos. ¿Merece la pena? Debe decidir. Se aprieta el fajín, se recoloca el sombrero y avanza decidido hasta el emisario francés que espera respuesta con los ojos vendados pero firme, casi arrogante, con la frente bien alta. Representa a la fuerza militar más poderosa del mundo. No hay alternativa: debe rendir la ciudad. Antes de responder observa a sus hombres con ponchos raídos, hambrientos, heridos la mayoría, pero no es eso lo que llama su atención. Es su mirada: refulgente, poderosa, decidida, capaz de todo. Aunque no quedara una sola casa en pie, bastaría uno de aquellos hombres y mujeres para que una nueva ciudad se levantara más fuerte. Ningún ejército podría frenarlos, ninguna crisis ni adversidad. Lo tiene claro. Erguido y con voz solemne afirma no sé capitular; después de muerto hablaremos de eso. La tensión se palpa en el ambiente, pero es una tensión orgullosa, profunda, consciente. El general da media vuelta, observa de nuevo a sus hombres y grita con todas sus fuerzas ¡Zaragozanos! ¡Por la Virgen del Pilar, vencer o morir!—. La multitud estalla en júbilos y vítores. El algarabío se escucha hasta en el campamento enemigo. El emisario francés asiste atónito a la escena, firme pero perplejo, incapaz de comprender que Zaragoza nunca se rinde.

Curiosidades Modernas


ricardo magdalena tabuenca
Obelisco original.
federico amutio
Monumento actual junto al
Corte Inglés

      El 1908, con motivo del centenario de Los Sitios, se instalaría un obelisco conmemorativo, obra de Ricardo Magdalena Tabuenca, en conmemoración de la escena arriba relatada, en el mismo lugar en que los zaragozanos negaran la rendición y lucharan hasta la extenuación. Si bien en los sesenta el monolito —´desde entonces en paradero desconocido— sería sustituido por el conjunto escultórico de Federico Amutio que consiguiera medalla en la Exposición Universal de 1892 (copia en bronce del original en yeso) titulado Por la patria, cercado por dos cañones —de hecho, el lugar, pese a ostentar el nombre oficial de Glorieta Sasera, es popularmente conocido como La Plaza de los Cañones y con la inscripción: 


POR LA VIRGEN DEL PILAR. VENCER O MORIR. MDCCCVIII.


en glorieta sasera
Cañones que cercan el
monumento.

      Valga como curiosidad y cierre, que junto a dicho monumento, en el mismo lugar en el que antaño los zaragozanos hicieran gala de su valor, hoy se encuentra —ironías de la vida moderna— un Corte Inglés. Donde se las gastaban a "fusilazo limpio", los zaragozanos prefieren hoy el "tarjetazo".





NOTA DEL AUTOR: los personajes, el emplazamiento, la negación de la rendición, la fecha y las palabras de Palafox declinando la oferta son precisas; el resto: licencias de un humilde literato.



FUENTES
*ALCAIDE IBIECA, Agustín: "No sé capitular", en Los Sitios de Zaragoza 1808-1809, dirigido por SERRANO PELLEJERO y FATÁS CABEZA, Ed. Heraldo de Aragón, Zaragoza, 2008, p. 115. 
*DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España, tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007
*PÉREZ BEIRÁN, E.: "Un antiguo obelisco del arquitecto Ricardo Magdalena, desaparecido", en Heraldo de Aragón el 11/11/2009.




ENLACES DE INTERÉS:
- Artículo original en Heraldo de Aragón.

OTRAS ANÉCDOTAS RELACIONADAS CON ZARAGOZA:
- ENCUENTRO DE REYES en el CaixaForum de Zaragoza

lunes, 6 de abril de 2015

ENCUENTRO DE REYES en el CaixaForum de Zaragoza

sofonisba de anguissola
Felipe II (1527-1598).// Obra de Sofonisba
Anguissola en 1565. Retocado en 1573
      Hoy he conocido a Felipe II. Le he mirado a los ojos. Era una mirada profunda, poderosa, consciente, mística. He sentido el peso del poder absoluto, empequeñecido ante su sobria figura. Sus vestiduras negras, de época, contrastaban con mi cazadora y mis pantalones vaqueros. Pero ahí estábamos los dos, frente a frente, cruzando miradas a través de los siglos. Su padre el emperador Carlos I (V del Reich) nos observaba en la distancia con armadura de combate, cetro en mano, augusto, solemne, inexpresivo, casi divino. Tras nosotros, su hija la infanta Isabel Clara Eugenia también me contemplaba en la distancia estrujando un medallón con la imagen de su padre; era una mirada segura, la de una mujer poderosa en un mundo de hombres, la mirada de la implacable gobernadora de los Países Bajos. ¿Cómo es posible? ¿Viajes en el tiempo, acaso demencia del abajo firmante? No. La realidad es mucho más sencilla.


calle anselmo clavé 11
CaixaForum de Zaragoza.

      Simplemente me acerqué al CaixaForum de Zaragoza (España), donde desde el 5 de febrero y hasta el 17 de mayo de 2015 puede visitarse "Los objetos hablan", una exposición sobre la fuerza expresiva de los objetos con pinturas y objetos cedidos por el Museo Nacional del Prado, que abarca desde el s. XVI hasta el XIX, ofreciendo así una intensa inmersión histórica salpicada de anécdotas:


1. El Felipe II de Sofonisba Anguissola (imagen superior)

      Sirva como curiosidad que el retrato de Felipe II de riguroso negro con el toisón de oro colgando, la mano derecha sobre la silla y la izquierda sujetando un rosario, no tenía tal aspecto en 1565 cuando Sofonisba lo pintara. El motivo de la modificación no fue otro que la mayor victoria de la cristiandad del momento: La batalla de Lepanto en 1571 de manos del propio "mediohermano" del monarca, el capitán general don Juan de Austria. Por ello, investido como adalid de la cristiandad, heredero de la misión providencial de su padre en salvaguarda de la fe, mandó modificar su retrato, que en la versión anterior aparecía sujetando el toisón con la mano izquierda y sin rosario. Así se apartó una mano del terrenal toisón de oro colocándola sobre la silla para poner en la otra el divino rosario en referencia a la Fiesta del Rosario que el papa Gregorio XIII instituyera para conmemorar cada 7 de octubre la victoria contra el infiel. Reforzando así su proverbial faceta de defensor universal de la verdadera fe cristiana.

Autorretrato de Sofonisba
en 1556. No incluido
en la exposición sobre 
la que trata el artículo.
 Actualmente en el
 Museo Lancut
 en Polonia.
      Interesante vida también la de la propia artista, Sofonisba. Italiana de nacimiento, procedente de una familia noble de Cremona, educada en la pintura desde muy temprana edad, estudió con Bernadino Campi y Bernadino Gatti e incluso recibiría instrucción del mismísimo Miguel Ángel, más tarde se trasladaría como dama de compañía de la reina Isabel de Valois a la corte del todopoderoso Felipe II, donde trabajaría personalmente con Sánchez Coello —de ahí que el retrato en cuestión le fuera atribuido al mismo en un primer momento—. El omnipotente monarca la apreciaría tanto que incluso le procuraría matrimonio con el hermano del virrey de Sicilia, Fabrizio de Moncada, y le asignaría una generosa renta vitalicia. En su vejez, su fama era tal que genios emergentes de la pintura como Van Dyck la buscaron para aprender de su maestría. Fue una adelantada en su tiempo. Al igual que la protagonista de la tercera anécdota recogida en estas líneas, logró triunfar en un mundo y una profesión de hombres. Su contemporáneo el primer historiador del arte italiano Giorgio Vasari, lo evidencia con estas palabras:

Anguissola ha mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar; por eso ha triunfado no sólo dibujando, coloreando y pintando de la naturaleza, sino por ella misma ha creado excelentes y muy bellas pinturas.

juan pantoja de la cruz
Carlos I (1500-1558).// Obra de Juan Pantoja
de la Cruz en 1605.
2. El emperador Carlos V, de Juan Pantoja de la Cruz


      La anécdota de este concreto retrato es que se realizó con carácter póstumo —en 1605 el emperador llevaba ya 47 años "criando malvas"— debido al incendio que en 1604 asoló la galería de retratos de la Sala de los Reyes del palacio del Pardo, en el que se perdieron numerosas obras de incalculable valor. Es por ello que Felipe III encomendaría su reconstrucción a Juan Pantoja de la Cruz, que emplearía modelos precedentes —Tiziano en este caso— para no privarnos a las generaciones futuras del imponente aunque inexpresivo —augusto, casi divinizado al modo de los bustos de emperadores romanos— retrato del hombre más poderoso del mundo.




3. La infanta Isabel Clara Eugenia, de Juan Pantoja de la Cruz

juan pantoja de la cruz
La infanta Isabel Clara Eugenia
 (1566-1633).//
Obra de Juan Pantoja de la Cruz
en 1598-99
      En este caso la anécdota se aparta del propio retrato para recaer en la retratada:la infanta Isabel. Esa mujer que estrecha el medallón de su padre en la foto, tan ostentosa como sobria, tan digna como imponente, fue una mujer capaz de imponerse en un mundo de hombres. Hija mayor de Felipe II con su tercera esposa, el rey en cuyo imperio no se ponía el sol intentaría infructuosamente hacer valer sus derechos como reina de Francia, si bien tendría más éxito creando una rama Habsburgo como monarcas de los Países Bajos españoles, que habían sido entregados junto con el ducado de Borgoña como dote para el matrimonio de la infanta con el archiduque Alberto de Austria. Dicho plan podría haberse visto frustrado cuando sobrevino la muerte de su marido, pero la infanta supo imponerse en un mundo que menospreciaba a las mujeres afirmándose como gobernadora de los Países Bajos españoles. Más tarde y bajo su gobierno llegaría —por ejemplo— la conocida rendición de Breda, genialmente imortalizada por Velázquez.

[*NOTA DEL AUTOR: Interesante figura la de la infanta Isabel Clara Eugenia, prometo volver a indagar en el tema en futuras anécdotas]

4. Carlos II: el retrato de Juan Carreño de Miranda y la Cámara de Felipe IV  de Vicente Poleró

juan carreño miranda
Carlos II (1661-1700) de Juan Carreño Miranda
en 1675
      En este caso la anécdota de nuevo se aleja del cuadro para centrarse en el personaje: Carlos II. El hechizado. ¿Por qué? Por su endeble estado físico, su es estatura, su raquitismo, su esterilidad y su inteligencia nivel paramecio. ¿Hechizo? No. La política matrimonial estatal y de alianzas de los Austrias promovió la endogamia y la consanguinidad durante generaciones, provocando como resultado la auto-extinción de la vetusta dinastía que rigiera durante siglos el destino del Imperio y del mundo; así como el comienzo del fin del Imperio Español. Carlos II moriría a los 38 años sin descendencia estallando la Guerra de Sucesión española, un conflicto tanto civil como internacional que desangraría al Imperio y a medio mundo —pues se extendería por varios continentes— durante más de 10 años, dando rienda suelta a las ínfulas de Austrias y Borbones, azuzadas por la rapiña depredadora de las potencias europeas. Finalizado el conflicto los Borbones pasarían a reinar en España en detrimento de los Austrias a costa de perder Gibraltar, Menorca, Sicilia, Países Bajos, Nápoles, Milán y Cerdeña, y dejando tras de sí aproximadamente un millón de muertos a sus espaldas. ¿Quién le iba a decir a este joven de mirada inocente, temerosa, manejable según sus coetáneos, que su muerte sería el detonante del ocaso de los Austrias y del comienzo del fin del Imperio Español?

vicente poleró y toledo
La cámara de Felipe IV en el Real Sitio del Buen Retiro, de Vicente Poleró y Toledo en 1881.// Puede observarse a Carlos II
en segundo plano tras el jesuita padre Nithard mientras éste conversa con su madre la reina regente Doña Mariana de Austria.

[NOTA: también prometo dedicar un artículo completo a tan determinante como llamativa figura histórica del pasado español]


FUENTES:
*Los objetos hablan, Colecciones del Museo del Prado: exposición en el CaixaForum de Zaragoza del 5 de febrero al 17 de mayo de 2015.
*Galería online del Museo Nacional del Prado
*ELLIOTT, J.H.: La España Imperial 1469-1716, Ediciones Ejército, Madrid, 1981.



ENLACES DE INTERÉS:
- Galería online del Museo Nacional del Prado (los cuadros pueden ampliarse con excelente definición)
- Sitio online de Los objetos hablan en el CaixaForum de Zaragoza

OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA:
ESPAÑA alternativa de CASTILLA Y PORTUGAL
El BASTARDO DE CARLOS V que pudo reinar en Túnez
- FELIPE II REY DE PORTUGAL (como Felipe I)
LOS SOCIALISTAS QUE SALVARON AL REY Alfonso XIII

MÁS ANÉCDOTAS RELACIONADAS CON ZARAGOZA:
- ZARAGOZA NUNCA SE RINDE

viernes, 28 de febrero de 2014

GEORGE ORWELL, EL MILICIANO

               Su vital experiencia en la Guerra Civil Española
Miliciano en la Guerra Civil española y escritor  
     Erik Arthur Blair, autor de grandes obras de la literatura universal como Rebelión en la Granja o 1984, mundialmente conocido como George Orwell, llegó a España como periodista un 26 de diciembre de 1936, a los pocos meses de estallar la Guerra Civil Española. El mismo día de su llegada a Barcelona, dejaría el periodismo para alistarse en la milicias del antiestalinista POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Puro azar. Un hecho azaroso que marcaría decisivamente su vida, su pensamiento político y su obra futura.



  A su llegada a Barcelona, la atmósfera revolucionaria de la Barcelona republicana cautivó a Orwell desde el primer minuto, empujándole a enrolarse en las milicias. Él mismo describió así el ambiente de la ciudad:

       El aspecto de Barcelona resultaba soprendentemente irresistible. Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; las paredes ostentaban la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios; casi todos los templos habían sido destruidos y sus imágenes, quemadas. Por todas partes, cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía "señor" o "don" y tampoco "usted"; todos se trataban de "camarada" y "tú", y decían "¡salud!" en lugar de "buenos días".



EL FRENTE DE ARAGÓN
 
Orwell es el más alto
Orwell es el tercero empezando por arriba a la derecha, el más alto de la fotografía
      En seguida fue destinado al frente de Aragón, donde la falta de armas y disciplina había estancado el avance republicano a las puertas de la capital aragonesa. Orwell recaería concretamente en el frente de Zaragoza, que describiría de la siguiente forma:

          Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas las cuales vivían y se trataban en términos de igualdad.


        Con todo, creo que ni siquiera en tiempos de paz sería posible viajar por esta parte de España sin sentirse impresionado por la miseria peculiar de las aldeas aragonesas. Están construidas como fortalezas: una masa de casuchas hechas de barro y piedras, apiñadas alrededor de la iglesia. Ni siquiera en primavera se ven flores. Las casas no tienen jardines, sólo cuentan con patios donde flacas aves de corral resbalan sobre lechos de estiércol de mula.



        ...el olor característico de la guerra, según mi experiencia, una mezcla de excrementos y alimentos en putrefacción.



       Cinco cosas son importantes en la guerra de trincheras: leña, comida, tabaco, velas y el enemigo. En invierno, en el frente de Zaragoza, eran importantes en ese orden, con el enemigo en un alejado último puesto. No siendo por la noche (...) nadie se preocupa por el enemigo. Lo veíamos como a remotos insectos negros que ocasionalmente saltaban de un lado a otro. La verdadera preocupación de ambos ejércitos consistía en combatir el frío.



       Desde luego había bajas, pero en su mayoría no eran causadas por el enemigo. Los primeros cinco heridos que vi en España debían sus lesiones a nuestras propias armas. Nuestros gastados fusiles constituían un verdadero peligro. Algunos de ellos dejaban escapar un tiro si la culata de golpeaba contra el suelo. (...) Y en la oscuridad, los reclutas novatos se tiroteaban entre sí.



      Su descripción de las milicias republicanas, de los hombres junto a los que combatía hombro con hombro, es también digna de mención:


      Resulta difícil concebir un grupo más desastroso de gente. Nos arrastrábamos por el camino con mucha menos cohesión que una manada de ovejas; antes de avanzar cuatro kilómetros, la retaguardia de la columna se había perdido de vista. La mitad de esos llamados hombres eran criaturas, realmente criaturas, de dieciséis años como máximo. Sin embargo, todos se sentían felices y excitados ante la perspectiva de llegar por fin al frente.


      Admito que, a primera vista, el estado de cosas en el frente me horrorizó. ¿Cómo demonios podía ganar la guerra un ejército así?



      Si bien más tarde matizaría: El mero hecho de que las milicias hayan permanecido en el frente constituye un tributo a la fuerza de la disciplina revolucionaria, pues hasta junio de 1937 lo único que las retuvo allí fue la lealtad de clase. (...) Un ejército de reclutas en las mismas circunstancias y sin una policía militar para vigilarlos hubiera retrocedido. Las milicias en cambio defendieron sus posiciones.




LAS JORNADAS DE MAYO DE 1937

Francisco Largo Caballero
      Orwell sería más tarde trasladado a Huesca, donde participaría en el fallido asedio a la ciudad hasta su relevo el 25 de abril de 1937, llegando a Barcelona al día siguiente. A tiempo para vivir y participar de las barricadas en las Jornadas de Mayo del 37. El entonces Presidente de la República, Francisco Largo Caballero, ya había abandonado su postura descentralizadora y colectivista de las primeras etapas de la guerra y se había percatado de lo absolutamente necesario que era restarurar la autoridad del Estado republicano. En tal marco de acontecimientos, como parte de la recuperación de competencias estatales, guardias de asalto republicanos leales al gobierno tomaron la central Telefónica en Barcelona, controlada hasta entonces por la CNT-FAI.

       Dicho acontecimiento desataría tres días de revueltas y enfrentamientos callejeros entre las fuerzas gubernamentales y las fuerzas anarquistas en una insólita alianza con el POUM. Orwell haría guardia en el tejado del Teatro Poliorama de La Rambla, vigilando a los guardias de asalto que se habían atrincherado justo en frente, en el Café Moka, situado pared con pared con la sede del POUM, en el actual Hotel Rivoli. Orwell no llegaría a hacer ni un solo disparo en aquellos tres días. Él mismo describía su situación de la siguiente manera:

      Yo solía sentarme en la azotea, maravillándome de la estupidez de todo aquello. Desde los ventanucos del observatorio podía abarcar kilómetros a la redonda, una interminable sucesión de edificios altos y esbeltos, de cúpulas de cristal y de fantásticos tejados curvos, con brillantes tejas de color verde o cobrizo. (...) A la derecha, los barrios obreros eran un sólido bastión anarquista; a la izquierda (...) bajo el control del PSUC y los Guardias Civiles. En la parte alta de las Ramblas la situación era tan complicada que hubiera sido completamente ininteligible sin las banderas que había en cada edificio.

      Al final, el gobierno se haría con el control de la situación, que se resolvería, como el propio Orwell indicara, de la forma en que sigue: 


      La ciudad en los siguientes días se sumiría en una guerra de posiciones entre las diferentes facciones que se resolverá en la salida de la CNT del gobierno de la Generalitat y la muerte de 300 personas y miles de heridos.




VUELTA AL FRENTE

      Tras otros tres días desde los sucesos de mayo, Orwell regresó al frente de Huesca ostentando el grado de teniente. Había ya empezado la adhesión de las milicias al Ejército Popular Republicano, un ejército centralizado y mecanizado a las órdenes del Gobierno, por lo que la disciplina militar iba extendíendose por la tropa. En estas circunstancias, recién caído en el frente, Orwell recibió un disparo en el cuello, quedando herido de gravedad. Resulta particularmente interesante leer, en palabras de un genio literario de su talla, la experiencia de recibir una herida de bala:

      A las cinco de la mañana me encontraba en el vértice del parapeto. Esa hora siempre era peligrosa. Teníamos la aurora a nuestras espaldas y si se asomaba la cabeza quedaba claramente recortada contra el cielo (*hecho que resulta aún más problemático teniendo en cuenta la enorme estatura de Orwell). Estaba hablando con los centinelas antes del cambio de guardia. De pronto, en mitad de una frase, sentí...por decirlo de alguna manera, tuve la sensación de encontrarme en el centro de una explosión. Hubo como un fuerte estallido y un fogonazo cegador a mi alrededor, y sentí un golpe tremendo, no dolor, sólo una descarga eléctrica. Luego la sensación de absoluta debilidad, de haber sido reducido a nada. Los sacos de arena frente a mí se alejaron a una distancia inmensa. (...) Supe de inmediato que estaba herido...Todo ocurrió en un espacio de tiempo inferior a un segundo. Al instante siguiente se me doblaron las rodillas y caí hasta dar violentamente con la cabeza contra el suelo. Tenía perfecta conciencia de estar malherido, experimentaba una sensación de torpeza y aturdimiento, pero no sufría ningún dolor tal como se entiende normalmente.
      En cuanto supe que la bala me había atrvesado limpiamente la garganta di por sentado que no tenía salvación. Nunca había oído hablar de un hombre o de un animal que sobreviviera a un balazo en el cuello (...). Me pregunté cuanto se dura con la carótida cortada; pocos instantes, seguramente. Deben haber pasado unos minutos durante los cuales supuse que estaba muerto.También eso resulta interesante, saber que clase de pensamientos se tienen en semajante situación. Mi primer pensamiento, bastante convencional, fue para mi esposa. Luego me asaltó un violento resentimiento por tener que abandonar este mundo que, a pesar de todo, me gusta (...). Pensé en el hombre que me había disparado, me pregunté si era español o extranjero, si sabía que me había herido. No experimentaba rencor contra él. Me dije que, tratándose de un fascista, lo habría matado de haber podido, pero que si lo hubieran tomado prisionero y traído ante mí, en ese momento me habría limitado a felicitarlo por su buena puntería. Puede ser que cuando uno se está muriendo realmente se piense de manera diferente.
      Acababan de colocarme en la camilla cuando mi brazo paralizado volvió a la vida y comenzó a dolerme intensamente...el dolor me reconfortaba porque sabía que las sensaciones no se tornan más agudas cuando uno se está muriendo. 


LAS PURGA DEL POUM

Presidente de la Segunda República
Juan Negrín
      Orwell pasaría los meses siguientes en hospitales de Barbastro, Lérida, Tarragona y Barcelona. De vuelta en la ciudad condal los médicos le habían comunicado que jamás recuperaría toda la movilidad de subrazo y que su voz permanecería por siempre en susurros (*diagnósticos, ambos dos, que resultarían afortunadamente falsos). Pseudo tullido y con el ánimo por los mínimos, descubrió a su vuelta que la atmósfera igualitaria y revolucionaria que conociera había desaparecido. Desde el 17 de mayo de 1937, tras los sucesos de Barcelona, Juan Negrín, socialista moderado, ostentaba la presidencia de la República. Su Gobierno intensificó la política de centralización iniciada por su antecesor en una coyuntura de  dependencia militar y diplomática de la URSS que resultaba aplastante. Esta poderosa situación de dependencia coincidió en el tiempo con el punto más álgido de las purgas paranoicas de Stalin. De modo que cuando el dictador ruso decidiera extender sus actividades políticas a España, poco o nada pudo hacer el presidente español para oponerse a los designios de Stalin.

      El partido en el que militaba Orwell, el POUM, era un partido de significación trotskista, que si bien a un lego en la materia le puede sonar a "comunismo puro y duro", lo cierto es que la divergencia entre los trotskistas y los partidos comunistas o stalinistas era notable: los primeros, seguidores del caído en desgracia Trotski, probagaban una revolución a nivel mundial, y equiparaban e incluso anteponían la revolución a la lucha contra el fascismo; por contra, los segundos propugnaban la revolución a nivel estatal, dando prioridad a la victoria sobre cualquier otra consideración política o social.

      El Gobierno de Negrín, impelido por Moscú y ante la necesidad de acabar con disidencias internas, decretaría la disolución del POUM y detendría a sus más destacados dirigentes acusados de actuar a las órdenes de Berlín en un complot trotskisto-fascista. Orwell describiría así aquella atmósfera control gubernamental y de persecución política:

      Atmósfera de pesadilla... peculiar malestar creado por rumores siempre cambiantes, la prensa censurada y la presencia continua de hombres armados (...). Los estalinistas tenían la sartén por el mango y, por lo tanto, se daba por descontado que todo trotskista estaba en peligro.


      No había manera de saber el número de personas presas . Mi esposa había oído decir que solamente en Barcelona llegaban a cuatrocientas (...). Se produjeron cosas increíbles. La policía llegó a sacar de los hospitales a varios milicianos gravemente heridos.



      Aperentemente, la disolución del POUM tenía un efecto retroactivo; el POUM era ahora ilegal y, por tanto, uno violaba la ley al haber pertenecido antes a él. Como de costumbre, no se hizo acusación alguna contra ninguna de las personas arrestadas (...). Sólo sabíamos vagamente que los líderes del POUM y probablemente todos nosotros éramos acusados de estar a sueldo de los fascistas. Y ya circulaban rumores de fusilamientos secretos en la cárcel. Había mucha exageración en todo esto, pero sin duda ocurrió en algunos casos y casi seguramente en el de Nin (*Andrés Nin era la personalidad más importante del POUM, uno de los fundadores de la Tercera Internacional que se había unido a Trotski poco después del exilio de éste. Nin sería separado de los otros prisioneros y llevado en secreto a la prisión de Alcalá de Henares, donde sería torturado e interrogado por el coronel Orlov, agente de Stalin, quién no consiguió obtener la confesión deseada y acabó asesinándolo fingiendo un secuestro por miembros de la Gestapo y contraviniendo las órdenes de Negrín).




HUIDA DE ESPAÑA
 
      Ante tan nefastos acontecimientos, desmoralizado y medio inválido por su herida de guerra, Orwell optó por la única salida que le quedaba: huir. Así, Orwell cambió el mono de miliciano por las mejores galas que pudo encontrar, compró billetes en primera clase para Francia y escapó de España en tren junto a su esposa haciéndose pasar por turistas ingleses. Ya en territorio francés y rumbo a Inglaterra, describió así su partida:

      Cómodamente sentado sobre blandos almohadones del tren de enlace con el barco, resulta difícil creer que realmente ocurre algo en alguna parte. ¿Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay de que preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes (...). Allí, en el sur de Inglaterra...todos durmiendo el sueño muy profundo, del cual muchas veces me temo que no despertaremos hasta que no nos arranque del mismo el estrépito de las bombas.

      A modo de conclusión de toda su experiencia en la Guerra Civil Española, ¿que mejor que las palabras del propio Orwell?:


      Por curioso que parezca, toda esta experiencia no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido.


      La Guerra Civil Española marcaría profundamente a Orwell en lo más profundo de su ser, cambiando su forma de concebir el Mundo, marcando de forma indeleble su formación política e influyendo más que notablemente en sus obras futuras, algunas de las cuales han pasado a formar parte de los grandes títulos de la literatura universal.

durante la Guerra Civil Española
Orwell con la tropa. Es la cabeza que sobresale al fondo a la izquierda.


SU VISIÓN DE LOS ESPAÑOLES
     
      Resulta particularmente interesante observar la visión y el concepto que Orwell se gestó sobre España y los españoles a lo largo de su experiencia en la Guerra Civil Española. Por lo general, Orwell admiraba el espíritu y carácter de los españoles, aunque también le exasperaban ciertos aspectos de la cultura española, como la máxima de "si hay que hacer algo, se hará mañana".

      Así describía Orwell a los españoles: desafío a cualquiera a verse sumergido, como me ocurrió a mí, entre la clase obrera española y a no sentirse conmovido por su decencia esencial y, sobre todo, por su franqueza y generosidad. La generosidad un español, en el sentido corriente de la palabra, a veces resulta casi embarazosa. Si uno le pide un cigarrillo, te obliga a aceptar todo el paquete. Y además de eso, existe una generosidad en un sentido más profundo, una verdadera amplitud de espíritu que he encontrado una y otra vez en las circunstancias menos promisorias.

      Pese a admirar la decencia, la franqueza y la generosidad españolas, lo que más enervó a Orwell fue la cultura del "mañana", que el mismo describía de la siguiente forma:

      (De los españoles) los extranjeros se sienten consternados por igual ante su ineficacia, sobre todo ante su enloquecedora impuntualidad. La única palabra española que ningún extranjero puede dejar de aprender es mañana. Toda vez que resulta humanamente posible, los asuntos de hoy se postergan para mañana; sobre esto, incluso los españoles hacen bromas. Nada en Espala, desde una comida hasta una batalla, tiene lugar a la hora señalada.

      Igualmente digna de mención por la repulsión que le produce, es su descripción de la Sagrada Familia, que confunde con la Catedral de Barcelona:

      Un edificio moderno y de los más feos que he visto en el mundo entero. Tiene cuatro agujas almenadas, idénticas por su forma a botellas de vino del Rin. A diferencia de la mayoría de iglesias barcelonesas, no había sufrido daños durante la revolución; se había salvado debido a su "valor artístico", según decía la gente. Creo que los anarquistas demostraron mal gusto al no dinamitarla cuando tuvieron oportunidad de hacerlo, en lugar de limitarse a colgar un estandarte rojinegro entre sus agujas.



FUENTES:
*JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 2006
* ORWELL, George: Homenaje a Cataluña, Virus Editorial, Barcelona, 2008.


ENLACES DE INTERÉS:
- RUTA TURÍSTICA POR LOS ESCENARIOS DE "HOMENAJE A CATALUÑA" EN BARCELONA
ORWELL Y EL CAFÉ MOKA



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