"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños".

» Cicerón (106 AC-43 AC), escritor, orador y político romano.
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domingo, 22 de noviembre de 2015

FELIPE II REY DE PORTUGAL (como Felipe I)

En 1581 las Cortes de Thomar proclamaron a Felipe II rey de Portugal. Al fin, un solo soberano regía el destino de la Península Ibérica. Con su poco disimulada animadversión hacia los castellanos, ¿cómo aceptaron los portugueses a Felipe II como rey? 

 Antecedentes

de alonso sánchez coello
Felipe II como Rey de Portugal (Felipe I) en 1580.
//Obra de Alonso Sánchez Coello.

      En 1578 moría el rey Sebastián I de Portugal en la batalla de Alcazarquivir intentando invadir Marruecos. Junto a él perecieron 9.000 de sus hombres y más de 16.000 fueron capturados. Era una derrota absoluta. Portugal se vio en la bancarrota, sin caudillo ni ejército merecedor de tal nombre. La nobleza había seguido al rey en la invasión de África y había sido práctiamente aniquilada o debía ser rescatada con enormes sumas que dejaron al país sin sus últimas reservas de plata, un elemento clave en el imperio ultramarino portugués, pues era esencialmente asiático, deficitario y necesitado de plata para comprar especias, plata que sus aún irrelevantes posesiones en Brasil no le proporcionaban. Algo que se solucionaría con la unión con España. Económicamente era una unión más provechosa para Portugal que para España.

      A la muerte de Sebastián heredó la corona de Portugal el cardenal que sería conocido como Enrique I, un hombre anciano, irresoluto e incapaz de sacar al país de la monumental crisis en que se encontraba, un rey que inevitablemente no tardaría en morir sin descendencia. Era el momento que Felipe II estaba esperando: el sueño de los Trastámara de unir la península bajo un solo cetro estaba más cerca que nunca.

Los pretendientes
pretendiente al trono de portugal
Don Antonio, Prior de Cato
(1531 - 1595). Anónimo.

      Por una parte Felipe II tenía derecho a la Corona Portuguesa como hijo de Isabel de Portugal, hija mayor de Manuel I, abuelo del difunto rey Sebastián. Sus principales apoyos fueron la aristocracia portuguesa y el alto clero.

      Por otra parte, el Prior de Cato, Don Antonio, sobrino del rey Enrique, también fundamentaba sus pretensiones como nieto de Manuel I, aunque por línea masculina. No obstante era hijo ilegítimo de Luís de Avís. Su principal apoyo fue el pueblo llano, por tradición, concienzudamente anti-castellano, así como el bajo clero.

El plan de Felipe II

por van iode, van der horst y coent wamans
Cristobal de Moura (1538 -1631).// Por Peter
 van Iode, Nicolaus van der Horst y Coent
 Wamans. Actualmente en el Palácio
Nacional de Queluz.
     Haciendo gala de su proverbial meticulosidad, Felipe II trazó su plan con sumo cuidado. Ya antes de la muerte del anciano Rey-Cardenal, Felipe II envió a la corte portuguesa a Cristobal de Moura, portugués que había llegado a la corte castellana integrado en el séquito de Juana, hermana de Felipe II y viuda de Juan III de Portugal, el hijo de Manuel I. Felipe II puso sobre sus hombros una notable cantidad de plata con un único fin: minar el apoyo del Prior de Cato y lograr el apoyo de la aristocracia portuguesa a la candidatura de su señor.

      Cristobal de Moura demostró ser un gran conocedor de las rencillas políticas de la clase dirigente portuguesa, un hábil negociador y el más eficaz servidor de su poderoso señor. Pocos meses antes de morir, Moura ya logró persuadir al Rey Enrique de que la mejor opción para la recuperación, la estabilidad y la prosperidad de Portugal, era favorecer la candidatura de Felipe II. Así, el 30 de enero de 1580 Enrique llegó a un acuerdo con Moura para que fuera Felipe II y no el Prior de Cato quien le sucediera.

      La batalla parecía ganada. Lejos de la realidad. La aprobación del Rey de Portugal, aunque suficiente para lograr el apoyo de la clase dirigente y la aristocracia portuguesas —deseosas de una unión con España que permitiera recuperar una economía en bancarrota y cada día más dependiente de la plata americana que arribaba a Cádiz—, no lo era para lograr el apoyo del anti-castellano pueblo portugués, como ya se había vislumbrado en el apoyo prestado al Prior de Cato por los representantes de las ciudades portuguesas en Cortes el 9 de enero. Por todo ello, pese a que el Consejo de regencia apoyara la pretensión de Felipe II, no se atrevería a proclamarla abiertamente.

por tiziano
Fernado Álvarez de Toledo y Pimentel,
Gran Duque de Alba (1507 - 1582).//
Por Tiziano, actualmente en la Colección
de la Casa de Alba en el Palacio de Liria
en Madrid.
      Y fue en esta tesitura que el anciano Rey-Cardenal murió. El tiempo jugaba en contra de Felipe II. Cada día que pasara crecería el apoyo al Prior de Cato, con el peligro de que el Papa ofreciese su mediación o, aún peor, que el Prior de Cato lograse el apoyo de Inglaterra o Francia. ¿Qué hacer? Felipe II ya había previsto todos los escenarios posibles y llevaba tiempo con preparativos militares por si fallaba la diplomacia. Se hizo venir al más laureado general del momento, un hombre de eficacia probada, una reliquia de la reciente etapa imperial: Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba. Felipe II concentró el ejército en la frontera de Portugal, lo puso al mando del duque y dio un ultimátum a los portugueses.

La invasión

      Transcurrido el plazo, a finales de junio, Felipe II dio orden de que el ejército se adentrara en Portugal. El Prior de Cato había logrado reunir un potente ejército de unos 30.000 hombres frente a los 20.000 españoles. Con una notable diferencia: la "flor y nata" del ejército portugués había sido exterminada en la fallida invasión portuguesa del actual Marruecos —pese a las advertencias de Felipe II y del propio duque de Alba al difunto rey Sebastian—; mientras que el más compacto ejército español estaba constituido por veteranos de los tercios, auténticos soldados de élite del momento y a las órdenes del mejor general de la época.

1580
Batalla de Alcántara de 1580.// Anónimo.
      Tan sólo fue necesaria una batalla para doblegar la resistencia portuguesa: la batalla de Alcántara de agosto 1580. Ésta culminaría en decisiva victoria española, con más de 4.000 bajas en el bando portugués y apenas 500 en el español. Lisboa capitularía ese mismo mes y el Prior de Cato huyó de la Península Ibérica.

      ¿Por qué fue tan breve la resistencia portuguesa? Además de las ya mencionadas deficiencias militares, pese a que el pueblo portugués detestara la unión con Castilla, no sólo la aristocracia y el alto clero preferían a Felipe II que al Prior de Cato, sino que en seguida los comerciantes y hombres de negocios de las ciudades portuguesas se pasaron al bando castellano, codiciosos de la plata española. Muy significativo de lo afirmado es el hecho de que la unión con Portugal durara mientras —pero no más— aportó beneficios tangibles a la economía portuguesa.

      Como no sucediera desde los vetustos monarcas visigodos, un único soberano volvía a regir el destino de toda la Península Ibérica. Felipe II, el hombre más poderoso del mundo, había cumplido el prístino sueño de los Reyes Católicos.

La postura del conquistador

      Con Portugal de rodillas, a Felipe II se le presentaron dos opciones: bien emplear el sistema castellano de conquista, esencialmente centralista, sometiendo a las leyes castellanas e integrando políticamente Portugal; o bien el aragonés, empleando un sistema federal que permitiera la supervivencia del Estado y las leyes portuguesas bajo el cetro de la monarquía hispánica.

      Pese a que, encabezados por Granvela, los partidarios de optar por el sistema castellano y la total integración de Portugal en Castilla, eran mayoritarios en la Corte, seguros de que era la única forma de realizar las drásticas reformas fiscales que requería la dramática bancarrota de Portugal; Felipe II prefirió respetar las leyes naturales y el sistema de gobierno portugués adoptando una sorprendente postura que habría merecido el mayor respeto del desaparecido partido de Éboli.

      De esta forma en las Cortes portuguesas de Thomar de 1581, Felipe II, al ser reconocido como rey de Portugal —como Felipe I—, juró observar todas las leyes y costumbres del país, así como el acuerdo firmado por Moura y el difundo rey Enrique. Comprometiéndose así a pasar tanto tiempo como fuese posible en Portugal y uniéndose Portugal a Castilla del mismo modo que lo había hecho Aragón cien años antes: conservando sus leyes, sus instituciones y su sistema monetario.


      Los gestos de Felipe II para con sus súdbitos portugueses no se quedaron ahí, sino que cuando entró en Lisboa como rey de Portugal, lo hizo vestido con toga, sin armas y rodeado de portugueses —siguiendo el consejo de Moura—. Allí recibió las llaves de la ciudad de manos de Moura, a quien se las devolvió diciendo "tomadlas, que a vos se deben", concediéndole además el título de marqués de Castel Rodrigo. No sólo eso, sino que el propio duque de Braganza, otro de los pretendientes al trono portugués que había sido persuadido por Moura para apoyar a Felipe II, fue muy afectuosamente acogido por el monarca hispano, premiándole con el Toisón de Oro y el cargo de condestable del ejército de Portugal.

      Todos estos detalles conquistaron a los portugueses, que vitorearon al monarca castellano por las calles aclamando: "¡oh rey, mal empleado en castellanos!"

      La unión de los reinos ibéricos era total, toda la península regida por el mismo soberano. Felipe II lo había conseguido, el prístino sueño de los Reyes Católicos hecho realidad. Una ficción emergida como realidad que perviviría hasta bien entrado el siguiente siglo.

tras la unión con portugal en 1581
Extensión de la Monarquía Hispánica de Felipe II en Europa y el norte de África tras la unión con Portugal en 1580.

FUENTES:
*ELLIOTT, J.H.: La España Imperial 1469-1716, Ediciones Ejército, Madrid, 1981.
*DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: El arte de la guerra: estrategia militar hasta el siglo XX, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España, tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007.



OTRAS ANÉCDOTAS RELACIONADAS CON PORTUGAL:
- La frustrada UNIÓN DE CASTILLA Y PORTUGAL

OTRAS ANÉCDOTAS RELACIONADAS CON FELIPE II:
- DON JUAN DE ASUTRIA, el hermanastro de Felipe II que pudo reinar en Túnez
- Felipe II en el CaixForum de Zaragoza

martes, 5 de mayo de 2015

ZARAGOZA NUNCA SE RINDE

[ANÉCDOTA FICCIONADA]
22/12/1808


mariano oliver
Palafox negando la rendición de Zaragoza en el Reducto del
 Pilar el 22/12/1808 junto al emisario francés con los ojos
vendados.// Obra de Mariano Oliver en 1907 y publicado como
postal bajo el título Una frase de Palafox. Col. Palá Laguna.
      Madrid ha capitulado. El general Palafox contempla las ruinas de Zaragoza desde el Reducto del Pilar. Se mesa la barba. Ya ni puede contar los muertos. ¿Merece la pena? Debe decidir. Se aprieta el fajín, se recoloca el sombrero y avanza decidido hasta el emisario francés que espera respuesta con los ojos vendados pero firme, casi arrogante, con la frente bien alta. Representa a la fuerza militar más poderosa del mundo. No hay alternativa: debe rendir la ciudad. Antes de responder observa a sus hombres con ponchos raídos, hambrientos, heridos la mayoría, pero no es eso lo que llama su atención. Es su mirada: refulgente, poderosa, decidida, capaz de todo. Aunque no quedara una sola casa en pie, bastaría uno de aquellos hombres y mujeres para que una nueva ciudad se levantara más fuerte. Ningún ejército podría frenarlos, ninguna crisis ni adversidad. Lo tiene claro. Erguido y con voz solemne afirma —no sé capitular; después de muerto hablaremos de eso—. La tensión se palpa en el ambiente, pero es una tensión orgullosa, profunda, consciente. El general da media vuelta, observa de nuevo a sus hombres y grita con todas sus fuerzas —¡Zaragozanos! ¡Por la Virgen del Pilar, vencer o morir!—. La multitud estalla en júbilos y vítores. El algarabío se escucha hasta en el campamento enemigo. El emisario francés asiste atónito a la escena, firme pero perplejo, incapaz de comprender que Zaragoza nunca se rinde.

Curiosidades Modernas


ricardo magdalena tabuenca
Obelisco original.
federico amutio
Monumento actual junto al
Corte Inglés

      El 1908, con motivo del centenario de Los Sitios, se instalaría un obelisco conmemorativo, obra de Ricardo Magdalena Tabuenca, en conmemoración de la escena arriba relatada, en el mismo lugar en que los zaragozanos negaran la rendición y lucharan hasta la extenuación. Si bien en los sesenta el monolito —´desde entonces en paradero desconocido— sería sustituido por el conjunto escultórico de Federico Amutio que consiguiera medalla en la Exposición Universal de 1892 (copia en bronce del original en yeso) titulado Por la patria, cercado por dos cañones —de hecho, el lugar, pese a ostentar el nombre oficial de Glorieta Sasera, es popularmente conocido como La Plaza de los Cañones— y con la inscripción: 


POR LA VIRGEN DEL PILAR. VENCER O MORIR. MDCCCVIII.


en glorieta sasera
Cañones que cercan el
monumento.

      Valga como curiosidad y cierre, que junto a dicho monumento, en el mismo lugar en el que antaño los zaragozanos hicieran gala de su valor, hoy se encuentra —ironías de la vida moderna— un Corte Inglés. Donde se las gastaban a "fusilazo limpio", los zaragozanos prefieren hoy el "tarjetazo".





NOTA DEL AUTOR: los personajes, el emplazamiento, la negación de la rendición, la fecha y las palabras de Palafox declinando la oferta son precisas; el resto: licencias de un humilde literato.



FUENTES: 
*ALCAIDE IBIECA, Agustín: "No sé capitular", en Los Sitios de Zaragoza 1808-1809, dirigido por SERRANO PELLEJERO y FATÁS CABEZA, Ed. Heraldo de Aragón, Zaragoza, 2008, p. 115. 
*DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España, tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007
*PÉREZ BEIRÁN, E.: "Un antiguo obelisco del arquitecto Ricardo Magdalena, desaparecido", en Heraldo de Aragón el 11/11/2009.




ENLACES DE INTERÉS:
- Artículo original en Heraldo de Aragón.

OTRAS ANÉCDOTAS RELACIONADAS CON ZARAGOZA:
- ENCUENTRO DE REYES en el CaixaForum de Zaragoza

miércoles, 20 de agosto de 2014

LOS SOCIALISTAS QUE SALVARON AL REY

El día que se evitó el linchamiento de Alfonso XIII y su familia

Puerta del Sol (Madrid) a la proclamación de la Segunda República (14/4/1931)
      14 de abril de 1931. Comienzan a conocerse los resultados de las elecciones municipales del día 12. La contundencia del resultado sorprende incluso a los propios republicanos, 41.224 concejales monárquicos frente a 39.248 republicanos. Con una diferencia: los republicanos proceden de las principales ciudades y, por tanto, conforman la abrumadora mayoría del voto libre y sincero; a diferencia del voto monárquico, que proviene de las zonas rurales controladas por caciques que falsean el voto a voluntad del poder.


La proclamación

Alfonso XIII (1886-1941)
      Eibar fue el primer municipio en alzar la bandera republicana a las seis de la mañana. A la tarde le seguirían las principales ciudades del país. La multitud inunda las calles. La situación se hace insostenible para el rey. Alfonso XIII consulta a sus ministros. De la Cierva le propone la resistencia armada. El general Sanjurjo, director de la Guardia Civil, ha declarado la lealtad a la república al Ministro de Gobernación en la sombra, el conservador Miguel Maura. Resistir supondría la guerra civil. Alfonso XIII no quiere sangre y —en un último acto de mesura y honra de las que tanto careció— decide atender el clamor popular y marchar al exilio. El Conde de Romanones, Ministro de Estado, se pone en contacto con el Presidente del Gobierno de la República en la sombra, el conservador Niceto Alcalá-Zamora. El presidente republicano niega que pueda garantizar la seguridad del rey si éste no abandona la ciudad ese mismo día. La multitud, que ha derruido estatuas monárquicas e incendiado iglesias, abarrota la Plaza de Oriente frente al Palacio Real.


La anécdota

Plaza de Oriente el 14 de abril
      Ante la enfervorizada multitud, socialistas de la Casa del Pueblo de Madrid y simpatizantes, con brazaletes rojos que como tales les identificaban, cercaron el Palacio de Oriente entrelazando sus brazos para evitar cualquier tipo de acto violento que pudiera desacreditar a la recién proclamada república o atentar contra la vida del rey o de su familia. Afortunadamente así fue. Alfonso XIII abandonaría Madrid ese mismo día y —salvo una noche llena de ansiedad para la reina y sus hijos en el Palacio de Oriente— no habría que lamentar ningún incidente. La monarquía había caído, Alfonso XIII partía al exilio y la recién proclamada república daba sus primeros pasos.


FUENTES:
* DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España Tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007. 
* JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 2006.
* TAMAMES, Ramón: La República. La era de Franco, Alianza Editorial, Madrid, 1988.




OTROS ARTÍCULOS RELACIONADOS CON LA SEGUNDA REPÚBLICA:


viernes, 9 de mayo de 2014

9 de mayo: EL DÍA DE LA UNIÓN EUROPEA

                El día en que empezó todo

con sus banderas
      Tal día como hoy, hace ya 64 años, el entonces Ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, lanzo una mítica declaración al mundo que supondría la primera piedra de la construcción europea.

     Un pequeño empujón, el primer paso en un proyecto de unión fraternal entre los antaño belicosos pueblos europeos que germinaría en una política del "paso a paso", de las pequeñas concesiones soberanas de los Estados, culminando en la Unión Europea que hoy conocemos y que reúne a 28 Estados y a más de 500 millones de personas que hablan más de 80 lenguas distintas.


      Un proceso de unión e integración que continúa estrechando lazos entre las personas y los pueblos de una Comunidad que llegó a alzarse en 2012 con el Premio Nobel de la Paz por más de seis décadas de contribución al "progreso de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos".

La Declaración

Robert Schuman,  padre fundador de la UE
      Fue a las 6 de la tarde en el Salón del Reloj del Quai d'Orsay, el Ministerio de Asuntos Exteriores Francés, cuando y donde Robert Schuman afirmó: "Europa no se hará de golpe ni en una construcción de conjunto: se hará mediante realizaciones concretas, creando primero una solidaridad de hecho".

       Su concreta propuesta al propósito de establecer —siguiendo sus palabras— "los primeros cimientos de una federación europea indispensable para el mantenimiento de la paz", fue la puesta en común de la producción franco-alemana del carbón y el acero bajo una alta autoridad común en una Organización Internacional democrática y abierta a la participación de los demás países de Europa. Una propuesta de unión de un sector estratégico para la guerra entre dos prístinos y enconados enemigos, propuesta que refleja a la perfección el ideario de integración y democracia consustancial a la Unión Europea. Como él mismo propugnó, "que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada". "La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible".

      Una simple Declaración de intenciones que no tardaría en encontrar respuesta afirmativa por parte de la República Federal Alemana, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, cristalizando en el nacimiento de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), naciendo así la "Europa de los seis", veradero germen de la Unión Europa; y haciendo merecedor a un día, el 9 de mayo, de convertirse en el día de la Unión Europea —oficialmente desde 1986—.



FUENTES:
*MARTIN DE LA GUARDIA, Ricardo M. y PEREZ SANCHEZ, Guillermo A. (coord.): Historia de la integración europea, Barcelona, Ariel Estudios Europeos, 2001.
*ARCOS VARGAS, Marycruz "et al", ALCAIDE FÉRNANDEZ-CASADO RAIGÓN (coord.); Curso de Derecho de la Unión Europea, Madrid, Tecnos, 201.


ENLACES DE INTERÉS:

viernes, 7 de marzo de 2014

Españoles: el Café Moka...ha muerto

Barcelona
Izq.: Orwell con su fusil en el frente de Aragón// Dcha.: Proclama publicitaria del Café Moka
       El histórico café al que acudiera George Orwell antes de crear grandes obras de la literatura universal como Homenaje a Cataluña, Evasión en la Granja o 1984; cuando tan sólo era un entusiasta miliciano del POUM cuyo pensamiento político y obra futura estaban aún en ciernes. Pared con pared junto al Hotel Rivoli, sede del POUM durante la Guerra Civil, y escenario de tensos acontecimientos durante las Jornadas de Mayo del 37, cuando varios guardias de asalto se atrincheraran en el local, bajo la mirada vigilante de Orwell, fusil en mano, desde el vecino Teatro Poliorama.



       ¿Qué ha sido de un local tan emblemático, con un potencial turístico tan enorme? ¿Acaso se ha convertido en centro neurálgico de un turismo cultural y literario de calidad?, ¿tal vez un museo?, ¿la catedral de Orwell en Barcelona? ¿Qué queda de él? Mobiliario Ikea, colores chillones y ni una mísera foto ni mención al genio literario. Paellas, pasta y pizza. Todo precocinado. Hoy la rapidez es lo que cuenta, la cultura Mcworld puede con todo. Si George Orwell levantara la cabeza y volviera al Café Moka, lo más probable es que sufriera un síncope instantáneo por choque cultural. El Café Moka conserva el nombre pero nada más, un triste esqueleto de lo que fue, como un genio con alzheimer, presente en cuerpo pero incapaz de recordar su glorioso pasado.


en la Rambla de Barcelona
Estado del Café Moka a 3-9-2015


 FUENTES:
*JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 2006
* ORWELL, George: Homenaje a Cataluña, Virus Editorial, Barcelona, 2008.
* FUENTES PROPIAS

ENLACES DE INTERÉS: 
- Artículo en EL PERIÓDICO DE CATALUÑA    //    (Versió en català)

viernes, 28 de febrero de 2014

GEORGE ORWELL, EL MILICIANO

               Su vital experiencia en la Guerra Civil Española
Miliciano en la Guerra Civil española y escritor  
     Erik Arthur Blair, autor de grandes obras de la literatura universal como Rebelión en la Granja o 1984, mundialmente conocido como George Orwell, llegó a España como periodista un 26 de diciembre de 1936, a los pocos meses de estallar la Guerra Civil Española. El mismo día de su llegada a Barcelona, dejaría el periodismo para alistarse en la milicias del antiestalinista POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Puro azar. Un hecho azaroso que marcaría decisivamente su vida, su pensamiento político y su obra futura.



  A su llegada a Barcelona, la atmósfera revolucionaria de la Barcelona republicana cautivó a Orwell desde el primer minuto, empujándole a enrolarse en las milicias. Él mismo describió así el ambiente de la ciudad:

       El aspecto de Barcelona resultaba soprendentemente irresistible. Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; las paredes ostentaban la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios; casi todos los templos habían sido destruidos y sus imágenes, quemadas. Por todas partes, cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía "señor" o "don" y tampoco "usted"; todos se trataban de "camarada" y "tú", y decían "¡salud!" en lugar de "buenos días".



EL FRENTE DE ARAGÓN
 
Orwell es el más alto
Orwell es el tercero empezando por arriba a la derecha, el más alto de la fotografía
      En seguida fue destinado al frente de Aragón, donde la falta de armas y disciplina había estancado el avance republicano a las puertas de la capital aragonesa. Orwell recaería concretamente en el frente de Zaragoza, que describiría de la siguiente forma:

          Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas las cuales vivían y se trataban en términos de igualdad.


        Con todo, creo que ni siquiera en tiempos de paz sería posible viajar por esta parte de España sin sentirse impresionado por la miseria peculiar de las aldeas aragonesas. Están construidas como fortalezas: una masa de casuchas hechas de barro y piedras, apiñadas alrededor de la iglesia. Ni siquiera en primavera se ven flores. Las casas no tienen jardines, sólo cuentan con patios donde flacas aves de corral resbalan sobre lechos de estiércol de mula.



        ...el olor característico de la guerra, según mi experiencia, una mezcla de excrementos y alimentos en putrefacción.



       Cinco cosas son importantes en la guerra de trincheras: leña, comida, tabaco, velas y el enemigo. En invierno, en el frente de Zaragoza, eran importantes en ese orden, con el enemigo en un alejado último puesto. No siendo por la noche (...) nadie se preocupa por el enemigo. Lo veíamos como a remotos insectos negros que ocasionalmente saltaban de un lado a otro. La verdadera preocupación de ambos ejércitos consistía en combatir el frío.



       Desde luego había bajas, pero en su mayoría no eran causadas por el enemigo. Los primeros cinco heridos que vi en España debían sus lesiones a nuestras propias armas. Nuestros gastados fusiles constituían un verdadero peligro. Algunos de ellos dejaban escapar un tiro si la culata de golpeaba contra el suelo. (...) Y en la oscuridad, los reclutas novatos se tiroteaban entre sí.



      Su descripción de las milicias republicanas, de los hombres junto a los que combatía hombro con hombro, es también digna de mención:


      Resulta difícil concebir un grupo más desastroso de gente. Nos arrastrábamos por el camino con mucha menos cohesión que una manada de ovejas; antes de avanzar cuatro kilómetros, la retaguardia de la columna se había perdido de vista. La mitad de esos llamados hombres eran criaturas, realmente criaturas, de dieciséis años como máximo. Sin embargo, todos se sentían felices y excitados ante la perspectiva de llegar por fin al frente.


      Admito que, a primera vista, el estado de cosas en el frente me horrorizó. ¿Cómo demonios podía ganar la guerra un ejército así?



      Si bien más tarde matizaría: El mero hecho de que las milicias hayan permanecido en el frente constituye un tributo a la fuerza de la disciplina revolucionaria, pues hasta junio de 1937 lo único que las retuvo allí fue la lealtad de clase. (...) Un ejército de reclutas en las mismas circunstancias y sin una policía militar para vigilarlos hubiera retrocedido. Las milicias en cambio defendieron sus posiciones.




LAS JORNADAS DE MAYO DE 1937

Francisco Largo Caballero
      Orwell sería más tarde trasladado a Huesca, donde participaría en el fallido asedio a la ciudad hasta su relevo el 25 de abril de 1937, llegando a Barcelona al día siguiente. A tiempo para vivir y participar de las barricadas en las Jornadas de Mayo del 37. El entonces Presidente de la República, Francisco Largo Caballero, ya había abandonado su postura descentralizadora y colectivista de las primeras etapas de la guerra y se había percatado de lo absolutamente necesario que era restarurar la autoridad del Estado republicano. En tal marco de acontecimientos, como parte de la recuperación de competencias estatales, guardias de asalto republicanos leales al gobierno tomaron la central Telefónica en Barcelona, controlada hasta entonces por la CNT-FAI.

       Dicho acontecimiento desataría tres días de revueltas y enfrentamientos callejeros entre las fuerzas gubernamentales y las fuerzas anarquistas en una insólita alianza con el POUM. Orwell haría guardia en el tejado del Teatro Poliorama de La Rambla, vigilando a los guardias de asalto que se habían atrincherado justo en frente, en el Café Moka, situado pared con pared con la sede del POUM, en el actual Hotel Rivoli. Orwell no llegaría a hacer ni un solo disparo en aquellos tres días. Él mismo describía su situación de la siguiente manera:

      Yo solía sentarme en la azotea, maravillándome de la estupidez de todo aquello. Desde los ventanucos del observatorio podía abarcar kilómetros a la redonda, una interminable sucesión de edificios altos y esbeltos, de cúpulas de cristal y de fantásticos tejados curvos, con brillantes tejas de color verde o cobrizo. (...) A la derecha, los barrios obreros eran un sólido bastión anarquista; a la izquierda (...) bajo el control del PSUC y los Guardias Civiles. En la parte alta de las Ramblas la situación era tan complicada que hubiera sido completamente ininteligible sin las banderas que había en cada edificio.

      Al final, el gobierno se haría con el control de la situación, que se resolvería, como el propio Orwell indicara, de la forma en que sigue: 


      La ciudad en los siguientes días se sumiría en una guerra de posiciones entre las diferentes facciones que se resolverá en la salida de la CNT del gobierno de la Generalitat y la muerte de 300 personas y miles de heridos.




VUELTA AL FRENTE

      Tras otros tres días desde los sucesos de mayo, Orwell regresó al frente de Huesca ostentando el grado de teniente. Había ya empezado la adhesión de las milicias al Ejército Popular Republicano, un ejército centralizado y mecanizado a las órdenes del Gobierno, por lo que la disciplina militar iba extendíendose por la tropa. En estas circunstancias, recién caído en el frente, Orwell recibió un disparo en el cuello, quedando herido de gravedad. Resulta particularmente interesante leer, en palabras de un genio literario de su talla, la experiencia de recibir una herida de bala:

      A las cinco de la mañana me encontraba en el vértice del parapeto. Esa hora siempre era peligrosa. Teníamos la aurora a nuestras espaldas y si se asomaba la cabeza quedaba claramente recortada contra el cielo (*hecho que resulta aún más problemático teniendo en cuenta la enorme estatura de Orwell). Estaba hablando con los centinelas antes del cambio de guardia. De pronto, en mitad de una frase, sentí...por decirlo de alguna manera, tuve la sensación de encontrarme en el centro de una explosión. Hubo como un fuerte estallido y un fogonazo cegador a mi alrededor, y sentí un golpe tremendo, no dolor, sólo una descarga eléctrica. Luego la sensación de absoluta debilidad, de haber sido reducido a nada. Los sacos de arena frente a mí se alejaron a una distancia inmensa. (...) Supe de inmediato que estaba herido...Todo ocurrió en un espacio de tiempo inferior a un segundo. Al instante siguiente se me doblaron las rodillas y caí hasta dar violentamente con la cabeza contra el suelo. Tenía perfecta conciencia de estar malherido, experimentaba una sensación de torpeza y aturdimiento, pero no sufría ningún dolor tal como se entiende normalmente.
      En cuanto supe que la bala me había atrvesado limpiamente la garganta di por sentado que no tenía salvación. Nunca había oído hablar de un hombre o de un animal que sobreviviera a un balazo en el cuello (...). Me pregunté cuanto se dura con la carótida cortada; pocos instantes, seguramente. Deben haber pasado unos minutos durante los cuales supuse que estaba muerto.También eso resulta interesante, saber que clase de pensamientos se tienen en semajante situación. Mi primer pensamiento, bastante convencional, fue para mi esposa. Luego me asaltó un violento resentimiento por tener que abandonar este mundo que, a pesar de todo, me gusta (...). Pensé en el hombre que me había disparado, me pregunté si era español o extranjero, si sabía que me había herido. No experimentaba rencor contra él. Me dije que, tratándose de un fascista, lo habría matado de haber podido, pero que si lo hubieran tomado prisionero y traído ante mí, en ese momento me habría limitado a felicitarlo por su buena puntería. Puede ser que cuando uno se está muriendo realmente se piense de manera diferente.
      Acababan de colocarme en la camilla cuando mi brazo paralizado volvió a la vida y comenzó a dolerme intensamente...el dolor me reconfortaba porque sabía que las sensaciones no se tornan más agudas cuando uno se está muriendo. 


LAS PURGA DEL POUM

Presidente de la Segunda República
Juan Negrín
      Orwell pasaría los meses siguientes en hospitales de Barbastro, Lérida, Tarragona y Barcelona. De vuelta en la ciudad condal los médicos le habían comunicado que jamás recuperaría toda la movilidad de subrazo y que su voz permanecería por siempre en susurros (*diagnósticos, ambos dos, que resultarían afortunadamente falsos). Pseudo tullido y con el ánimo por los mínimos, descubrió a su vuelta que la atmósfera igualitaria y revolucionaria que conociera había desaparecido. Desde el 17 de mayo de 1937, tras los sucesos de Barcelona, Juan Negrín, socialista moderado, ostentaba la presidencia de la República. Su Gobierno intensificó la política de centralización iniciada por su antecesor en una coyuntura de  dependencia militar y diplomática de la URSS que resultaba aplastante. Esta poderosa situación de dependencia coincidió en el tiempo con el punto más álgido de las purgas paranoicas de Stalin. De modo que cuando el dictador ruso decidiera extender sus actividades políticas a España, poco o nada pudo hacer el presidente español para oponerse a los designios de Stalin.

      El partido en el que militaba Orwell, el POUM, era un partido de significación trotskista, que si bien a un lego en la materia le puede sonar a "comunismo puro y duro", lo cierto es que la divergencia entre los trotskistas y los partidos comunistas o stalinistas era notable: los primeros, seguidores del caído en desgracia Trotski, probagaban una revolución a nivel mundial, y equiparaban e incluso anteponían la revolución a la lucha contra el fascismo; por contra, los segundos propugnaban la revolución a nivel estatal, dando prioridad a la victoria sobre cualquier otra consideración política o social.

      El Gobierno de Negrín, impelido por Moscú y ante la necesidad de acabar con disidencias internas, decretaría la disolución del POUM y detendría a sus más destacados dirigentes acusados de actuar a las órdenes de Berlín en un complot trotskisto-fascista. Orwell describiría así aquella atmósfera control gubernamental y de persecución política:

      Atmósfera de pesadilla... peculiar malestar creado por rumores siempre cambiantes, la prensa censurada y la presencia continua de hombres armados (...). Los estalinistas tenían la sartén por el mango y, por lo tanto, se daba por descontado que todo trotskista estaba en peligro.


      No había manera de saber el número de personas presas . Mi esposa había oído decir que solamente en Barcelona llegaban a cuatrocientas (...). Se produjeron cosas increíbles. La policía llegó a sacar de los hospitales a varios milicianos gravemente heridos.



      Aperentemente, la disolución del POUM tenía un efecto retroactivo; el POUM era ahora ilegal y, por tanto, uno violaba la ley al haber pertenecido antes a él. Como de costumbre, no se hizo acusación alguna contra ninguna de las personas arrestadas (...). Sólo sabíamos vagamente que los líderes del POUM y probablemente todos nosotros éramos acusados de estar a sueldo de los fascistas. Y ya circulaban rumores de fusilamientos secretos en la cárcel. Había mucha exageración en todo esto, pero sin duda ocurrió en algunos casos y casi seguramente en el de Nin (*Andrés Nin era la personalidad más importante del POUM, uno de los fundadores de la Tercera Internacional que se había unido a Trotski poco después del exilio de éste. Nin sería separado de los otros prisioneros y llevado en secreto a la prisión de Alcalá de Henares, donde sería torturado e interrogado por el coronel Orlov, agente de Stalin, quién no consiguió obtener la confesión deseada y acabó asesinándolo fingiendo un secuestro por miembros de la Gestapo y contraviniendo las órdenes de Negrín).




HUIDA DE ESPAÑA
 
      Ante tan nefastos acontecimientos, desmoralizado y medio inválido por su herida de guerra, Orwell optó por la única salida que le quedaba: huir. Así, Orwell cambió el mono de miliciano por las mejores galas que pudo encontrar, compró billetes en primera clase para Francia y escapó de España en tren junto a su esposa haciéndose pasar por turistas ingleses. Ya en territorio francés y rumbo a Inglaterra, describió así su partida:

      Cómodamente sentado sobre blandos almohadones del tren de enlace con el barco, resulta difícil creer que realmente ocurre algo en alguna parte. ¿Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay de que preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes (...). Allí, en el sur de Inglaterra...todos durmiendo el sueño muy profundo, del cual muchas veces me temo que no despertaremos hasta que no nos arranque del mismo el estrépito de las bombas.

      A modo de conclusión de toda su experiencia en la Guerra Civil Española, ¿que mejor que las palabras del propio Orwell?:


      Por curioso que parezca, toda esta experiencia no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido.


      La Guerra Civil Española marcaría profundamente a Orwell en lo más profundo de su ser, cambiando su forma de concebir el Mundo, marcando de forma indeleble su formación política e influyendo más que notablemente en sus obras futuras, algunas de las cuales han pasado a formar parte de los grandes títulos de la literatura universal.

durante la Guerra Civil Española
Orwell con la tropa. Es la cabeza que sobresale al fondo a la izquierda.


SU VISIÓN DE LOS ESPAÑOLES
     
      Resulta particularmente interesante observar la visión y el concepto que Orwell se gestó sobre España y los españoles a lo largo de su experiencia en la Guerra Civil Española. Por lo general, Orwell admiraba el espíritu y carácter de los españoles, aunque también le exasperaban ciertos aspectos de la cultura española, como la máxima de "si hay que hacer algo, se hará mañana".

      Así describía Orwell a los españoles: desafío a cualquiera a verse sumergido, como me ocurrió a mí, entre la clase obrera española y a no sentirse conmovido por su decencia esencial y, sobre todo, por su franqueza y generosidad. La generosidad un español, en el sentido corriente de la palabra, a veces resulta casi embarazosa. Si uno le pide un cigarrillo, te obliga a aceptar todo el paquete. Y además de eso, existe una generosidad en un sentido más profundo, una verdadera amplitud de espíritu que he encontrado una y otra vez en las circunstancias menos promisorias.

      Pese a admirar la decencia, la franqueza y la generosidad españolas, lo que más enervó a Orwell fue la cultura del "mañana", que el mismo describía de la siguiente forma:

      (De los españoles) los extranjeros se sienten consternados por igual ante su ineficacia, sobre todo ante su enloquecedora impuntualidad. La única palabra española que ningún extranjero puede dejar de aprender es mañana. Toda vez que resulta humanamente posible, los asuntos de hoy se postergan para mañana; sobre esto, incluso los españoles hacen bromas. Nada en Espala, desde una comida hasta una batalla, tiene lugar a la hora señalada.

      Igualmente digna de mención por la repulsión que le produce, es su descripción de la Sagrada Familia, que confunde con la Catedral de Barcelona:

      Un edificio moderno y de los más feos que he visto en el mundo entero. Tiene cuatro agujas almenadas, idénticas por su forma a botellas de vino del Rin. A diferencia de la mayoría de iglesias barcelonesas, no había sufrido daños durante la revolución; se había salvado debido a su "valor artístico", según decía la gente. Creo que los anarquistas demostraron mal gusto al no dinamitarla cuando tuvieron oportunidad de hacerlo, en lugar de limitarse a colgar un estandarte rojinegro entre sus agujas.



FUENTES:
*JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 2006
* ORWELL, George: Homenaje a Cataluña, Virus Editorial, Barcelona, 2008.


ENLACES DE INTERÉS:
- RUTA TURÍSTICA POR LOS ESCENARIOS DE "HOMENAJE A CATALUÑA" EN BARCELONA
-  ORWELL Y EL CAFÉ MOKA



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sábado, 7 de diciembre de 2013

EL ORIGEN DEL DIVORCIO EN ESPAÑA

                         Hasta que el hastío nos separe

alegoría del divorcio
      Desde que en 1870 se consagrara el matrimonio civil obligatorio, no existía en España la posibilidad de divorciarse. El Derecho español no conocería el divorcio hasta la Segunda República, cuando, en 1931  el artículo 43 de la propia Constitución y un año después la primera Ley del divorcio de la historia de España, lo consagraran. No duraría ni siete años como institución, pues en el 39 Franco derogaría la Ley.

Los primeros divorcios
una de las primeras divorciadas de la historia de España
Constancia de la Mora
       Lo cierto es que pese a la enorme publicidad que se dio a los primeros casos, la realidad fue una asombrosa escasez de casos de divorcio. Parece ser que los españoles de todas las clases continuaban siendo profundamente conservadores en dicha materia. Prueba de ello es que la clase media de Madrid y Barcelona aprovechara en muy contadas ocasiones la nueva Ley y que en muchas provincias no se diera ni un solo caso de divorcio.

      Entre los escasos divorcios a los que tanto bombo se dio, cabe resaltar el de Constancia de la Mora, nieta del cinco veces Presidente del Consejo de Ministros con Alfonso XIII, Antonio Maura. Constancia se divorciaría de Manuel Bolín para casar con el que sería Jefe de las fuerzas Aéreas Republicanas: Hidalgo de Cisneros. Un matrimoino de conveniencia que uniría su suerte a la de la España republicana, ingresando en el Partido Comunista para acabar exiliada en México. En el exilio publicaría una novela en inglés con sus vivencias, In place of Splendor (Doble Esplendor en España), que sería presentada por la que probablemente fuera la más popular Primera Dama Estadounidense, Eleanor Roosevelt.

El divorcio en la actualidad
      Tras la abolición de la Ley del Divorcio en el 1939 y la instauración de la indisolubilidad del matrimonio con el Fuero de los Españoles de 1945, no se volvería a hablar de divorcio hasta la Constitución de 1978, que ni lo consagra ni tampoco apuesta por la indisolubilidad del matrimonio, sino que se limita a afirmar que "la ley regulará...las causas de separación y disolución y sus efectos". Por lo que habría que esperar hasta la Ley del divorcio de 1981 para que se volviera a consagrar el divorcio. Dicha Ley estableció un sistema de divorcio bastante conservador que requería alegar una serie de causas (alcoholismo, infidelidad, abandono del hogar...) para poder divorciarse.

      El divorcio libre no llegaría hasta la reciente reforma de 2005, que introdujo un sistema de divorcio basado exclusivamente en la voluntad de los cónyuges (de ambos o de uno sólo).



FUENTES: * DE PABLO CONTRERAS-ÁNGEL PÉREZ: CURSO DE DERECHO CIVIL (IV) Derecho de Familia, Colex, Madrid, 2013.
* JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Barcelona, 2006
*  De la Mora, Constancia: Doble esplendor, Gadir, Madrid, 2004.





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- LOS SOCIALISTAS QUE SALVARON AL REY 

lunes, 18 de noviembre de 2013

EL BUEN LEGADO DE UN FASCISTA: Gírón de Velasco y la Seguridad Social

ideó la seguridad social española
José Antonio Girón de Velasco
Las características esenciales de la Seguridad Social española las ideó un falangista 

      El hombre en cuestión fue José Antonio Girón de Velasco, combatiente en la Guerra Civil española en el bando nacionalista, miembro de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista que se integrarían en Falange Española y Ministro de Trabajo entre 1941 y 1957.

      En una década (la de 1940) en la que se encontraban a la venta cepillos de dientes usados y las ropas llenas de remiendos pasaban de niño en niño, Girón sentó las bases de un Estado de bienestar que no dejaría de robustecerse hasta los "recortes" de la actualidad.


El origen del sistema de Seguridad Social español

      Pese a lo que pueda parecer por el fuerte carácter social de la Segunda República -o por lo menos de su Constitución-, poco o nada se avanzó en este tema en la corta y compleja vida del régimen republicano. Lo cierto es que los primeros pasos en esta materia se dieron a principios de siglo con lorgros nada desdeñables como el descanso dominical o la jornada de cuarenta y ocho horas; pero igual de cierto es que el bloque esencial de la actual Seguridad Social es obra y mérito de José Antonio Girón. Entre tantos otros avances por él instaurados, cabe mencionar el Seguro de Enfermedad, el Plus de Cargas Familiares, la farmacia gratis o la paga de Navidad.


¿Cómo pudo un veterano falangista instaurar bajo el régimen franquista semejante avance social?

      Para ello Girón hubo de enfrentarse en más de una ocasión a la cúpula franquista con no pocas tensas discusiones, argumentando en más de una ocasión, el efecto pacificador de los avances sociales ante posibles revueltas y huelgas generales. Lo cierto es que tanto si fuera el humanismo y la caridad lo que moviera a Girón, como si fuera la lealtad al Régimen y el temor a posibles revueltas o huelgas generales, el resultado ha sido el mismo: un amplio y potente sistema de Seguridad Social.

      Resulta interesante resaltar como durante la Transición a la democracia, Girón formó parte del bloque más inmovilista del Régimen, manteniéndose en dicha posición hasta su muerte en 1995.




FUENTES:* DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España Tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007.
*CARR, Raymond: España: de la Restauración a la democracia, 1875~1980, Ariel Historia, Barcelona, 2008.
*GORELLI HERNÁNDEZ, J. VÍLCHEZ PORRAS, M.; ÁLVAREZ ALCOLEA, M.; DE VAL TENA, Á.; GUITIÉRREZ PÉREZ, M.: Lecciones de Seguridad Social, Tecnos, Madrid, 2013.
*JACKSON, Gabriel: La República Española y la Guerra Civil, Crítica, Bacelona, 2006.