"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños".

» Cicerón (106 AC-43 AC), escritor, orador y político romano.

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA VERDADERA HISTORIA DE TITO PULLO Y LUCIO VORENO

Ray Stevenson y Kevin McKidd
Tito Pullo (izq.) y Lucio  Voreno (dcha.), interpretados por
 Ray Stevenson y Kevin McKidd respectivamente en la serie
Roma.
La ficción
      En 2005 se estrenó la serie Roma, creada por John Millius, William Macdonald y Bruno Heller; y coproducida por la americana HBO, la británica BBC y la italiana RAI. La serie transcurre en la Antigua Roma durante el ascenso al poder de Julio César en el tumultuoso paso de la República al Imperio, vehiculando la acción a través de dos carismáticos personajes: los inseparables Tito Pullo y Lucio Voreno, interpretados por Ray Stevenson y Kevin McKidd respectivamente.

hbo
Cartel 1ª temporada de Roma.
      El primer capítulo de la primera temporada de la serie comienza con una recreación de la batalla de Alesia (52 a.C.) desde el punto de vista de la XIII Legión, en la que se integran Tito Pullo y Lucio Voreno. En la escena el soldado Tito Pullo, héroe de la Legión, se sale de la formación para combatir individualmente a varios enemigos provocando numerosas bajas, pero siendo rodeado por el enemigo. Al observar a su compañero en peligro, el centurión Lucio Voreno acude en su ayuda, llegando a tiempo para salvar su vida, si bien Tito Pullo se rebela contra su superior agrediéndole, siendo entonces reducido por Lucio Voreno y conducido de nuevo ante la seguridad de la disciplinada formación romana. Pero ¿qué hay de realidad en tan épica escena? ¿Pura ficción cinematográfica o mítico episodio de heroísmo que pasó a la posteridad?

*Primera escena de Roma, con Lucio Voreno saliendo al rescate de Tito Pullo:
Puede apreciarse una recreación de las tácticas de combate romanas, con los turnos de lucha y de descanso, en este caso con sílbato y por líneas, lejos del triplex acies, pero sin duda más acertada de lo que es habitual en el sector audiovisual, habituado a las grandes cargas y sanguinarias luchas suicidas con los ejércitos entremezclados.

La realidad
      Tito Pullo y Lucio Voreno están inspirados en dos centuriones (no soldado y centurión) que aparecen en una de los dos únicas obras que se conservan escritas de puño y letra del mismísimo Julio César: los Comentarios a la guerra de las Galias. Nombrados originalmente como Titus Pullus y Lucius Vorenus; y traducidos generalmente al castellano como Tito Pulón y Lucio Voreno; ambos aparecen concretamente en el capítulo XLIV (44) del libro V encuadrados en la Legión IX (no XIII), haciéndose especial mención a su heroísmo durante el duro sitio del campamento de su Legión por los nervios y los eburones en el invierno del 54 a.C. (no en el sitio de Alesia en el 52 a.C.).

      Sirva para centrar la acción en el contexto histórico que en el invierno del 54 a.C. la guerra de las Galias duraba ya cuatro largos años. Aquel invierno César acampó a sus legiones en puntos distantes de la Galia para someter y pacificar el territorio —la costumbre tradicional de los romanos era la de acantonar a las legiones en invierno y combatir de nuevo con el buen tiempo—. Aquel invierno estalló una importante rebelión en la actual Bélgica encabezada por los eburones. El líder de estos últimos, Ambíorix, aniquiló a nada menos que 15 cohortes romanas en Atuatuca Tungrorum (actual Tongeren) valiéndose de engaños para que abandonaran pacíficamente su campamento. Acto seguido trató de repetir la estratagema con la guarnición de la IX comandada por el legado Quinto Tulio Cicerón, hermano del célebre orador, filósofo y político Marco Tulio Cicerón. Pero el cauto Cicerón no se dejaría engañar, la estratagema no funcionaría dos veces.

interpretado por kevin mckidd
Lucio Voreno saliendo al rescate de Tito Pullo en Roma.
      Según relata César, Pullo y Voreno fueron dos centuriones que gastaban un sano "pique" por demostrar quién combatía mejor, cuestión que quedaría zanjada cuando uno de ellos alcanzara el primus pilus prior —el grado de primipilo o primer centurión del primer manípulo de la primera cohorte—. En su afán por resolver la eterna disputa, en el transcurso del asedio al campamento, Tito Pulo increpó a Voreno con estás palabras: "¿Por qué vacilas Voreno? ¿Qué ocasión guardas para hacer gala de tu valor? Esta jornada decidirá nuestra disputa". Tras lo cual abandonó la seguridad de la fortificación enfrentando solo al las hordas de nervios y eburones que se cernían sobre él, acabando con numerosos enemigos hasta que un venablo se le clavara en su bandolera inmovilizándole; apareciendo Voreno en ese preciso instante, logrando salvar la vida de su compañero y acabando con numerosos enemigos. Pero Voreno cayó por un hoyo, siendo acometido por los enemigos, que no logran alcanzarle gracias a la nueva intervención de Pullo devolviéndole el favor salvando también su vida. Ambos centuriones se abren entonces paso en épico combate individual hasta llegar vitoreados a la fortificación, quedando aún por resolver la eterna disputa sobre quien combatía mejor, pues ambos se habían salvado la vida el uno al otro, pero dejando para la posteridad una de las más míticas proezas de combate individual de la historia. La realidad superando a la ficción. Tanto es así que el propio Julio César quedo impresionado por el heroísmo de estos dos centuriones, inmortalizándoles en sus Comentarios a la guerra de las Galias para el deleite y admiración de las generaciones venideras con estas concretas palabras:

Había en esta legión dos centuriones excepcionalmente valientes, que estaban a punto de alcanzar el primipilo, Tito Pulón y Lucio Voreno. Constantemente discutían entre sí por ver cuál sería antepuesto al otro, y todos los años rivalizaban por los primeros puestos con el mayor ardimiento. Uno de ellos, Pulón, cuando más encarnizada era la lucha en la fortificación, dice: "Por qué vacilas Voreno? ¿Qué ocasión guardas para hacer gala de tu valor? Esta jornada decidirá nuestra disputa". Dicho esto, sale fuera dela fortificación y se lanza allí donde parece haber más enemigos. Tampoco Voreno se queda dentro de la fortificación, sino que, preocupado por lo que todos pudieran opinar, sigue sus pasos. A corta distancia, Pulón lanza su jabalina contra los enemigos y atraviesa a uno que venía corriendo de entre la multitud. Éste recibe el impacto y cae muerto. Lo protegen los enemigos con sus escudos, y todos a una disparan contra aquél sus dardos, cortándole la retirada. Atraviesan el escudo de Pulón y un venablo se le clava en la bandolera. Este accidente hace que se le gire la vaina. Mientras intenta sacar la espada tiene ocupada la mano derecha: se encuentra atascado y los enemigos lo están rodeando. En ese difícil trance, corre en su ayuda su rival Voreno. Al punto, todo el tropel se vuelve contra él y se desentiende de Pulón, creyendo que había sido atravesado por el venablo. Voreno combate con la espada, cuerpo a cuerpo: mata a uno de ellos y obliga a los otros a retirarse un tanto. Mientras los acomete, llevado de su fogosidad, cae en un hoyo y rueda por tierra. Cercado a su vez, es ayudado por Pulón. Ambos regresan a la fortificación sanos y salvos y cubiertos de gloria, después de haber causado un buen número de bajas. De esta manera, en la competición y en la lucha la Fortuna dispuso que no fuera posible decidir cuál de ellos se debía anteponer al otro en valor. [Traducción de J.Joaquín Caerols]

      Valga a modo de cierre que César, no sólo llegó a tiempo de socorrer el campamento cercado y levantar el sitio, sino que prácticamente exterminó a los nervios y a los eburones entre el 54 y el 53 a.C., poniendo acto seguido fin a la contienda de las Galias derrotando al rey de los galos, Vercingetórix, en la brillante y aplastante victoria de Alesia en 52 a.C.. César había conquistado la Galia, su ascenso sería imparable y su fama ecuménica y eterna. Su obra perviviría durante milenios deleitando a generaciones de lectores con su estrategia, su táctica, su prosa, su inteligencia y, también, con las hazañas de dos centuriones de la IX Legión, los inmortales TITO PULLO y LUCIO VORENO.

RENDICIÓN DE VERCINGETÓRIX.//Izq. Vercingetórix arroja sus armas a los pies de Julio César (1899), obra de Lionel Noel Royer, hoy en el Musée Crozatier en Le Puy-en-Velay (Francia); dcha. la rendición en el cap. 1 temp. 1 de Roma (2005).

FUENTES:
*CÉSAR, Julio: Comentarios a la guerra de las Galias, Alianza Editorial, con traducción y notas de J.Joaquín Caerols, Madrid, 2006. [para interesados, en esta edición la hazaña de Pulo y Voreno aparece inmortalizada en las ps. 189 y 190].
* MONTANELLI, Indro: Historia de Roma, Debolsillo, Barcelona, 2007.
* Edición española de Filmaffinity
* Cap. 1 Temp. 1 de Roma, obra de John Millius, William Macdonald y Bruno Heller; coproducida por HBO, BBC y RAI.


ENLACES DE INTERÉS:
- Espacio dedicado a Roma en Filmaffinity
- Web de Le Puy-en-Velay dedicada al Musée Crozatier (en francés)

OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA ANTIGUA ROMA:
- VALERIANO, el emperador cautivo
- TRAJANO, el hispano que impulsó Roma hasta su cénit
- PUBLIO SITTIO NUCERINO: el comerciante que salvó a César y reinó en África

viernes, 20 de marzo de 2015

CUANDO LOS GLOBOS OTORGARON LA VICTORIA: La campaña de Melilla (1909)

      En 1909 comenzaba la Primera Campaña de Marruecos. En su avance, el ejército español introdujo una innovación técnica sin precedentes, un artilugio capaz de marcar la diferencia frente a las belicosas cabilas rifeñas: EL GLOBO.

1909 cerca de melilla
Artillería española bombardeando posiciones rifeñas bajo la dirección del globo aerostático Reina Victoria (en rojo) en 1909.// Fotografía publicada en La Vanguardia el 14 de agosto de 1909

Antecedentes

      En 1906 España firmaba con Francia, Gran Bretaña y otras potencias el Tratado de Algeciras, recibiendo así un protectorado sobre la zona norte del actual Marruecos. Un territorio montañoso y pobre conocido como el Rif, sin carreteras y sin cartografíar; poblado por tribus guerreras, levantiscas y xenófobas; donde se acostumbraba a decapitar o castrar a los exploradores europeos que se aventuraban en aquella inhóspita región llamada Bled el Siba por los nativos, que significa "país no sometido", pues el Sultán nunca había logrado someterlo a su autoridad. España, que aún se estaba recuperando de la cruenta Guerra de Cuba y de la pérdida de las últimas colonias de ultramar frente a los Estados Unidos, sin duda quería rehacer su imperio colonial, pero no tenía el menor interés en desangrar al país por aquel terruño inconquistable. Prueba de ello es que ya en 1902, el ministro francés de exteriores, Théophile Delcassé, había propuesto a Mateo Sagasta un convenio para el reparto de Marruecos que también habría podido incluir las fértiles regiones de Tazza y Fez, tratado que, pese al interés de Sagasta, al ser éste sustituido por Francisco Silvela, quedó abandonado por el temor a soliviantar a Gran Bretaña y a perder por ello las históricas plazas de soberanía españolas en África.

      ¿Por qué se vio entonces España abocada a la conquista de una región tan agreste y poblada por guerreros tan cruentos e inquebrantables? Por Francia. En plena expansión colonial estaba particularmente interesada en la conquista del fértil y gran Marruecos, no sólo por sus riquezas, sino también por la cercanía con Francia y por la posibilidad de extender su poder sobre todo el norte de África uniendo  Marruecos con sus dominios en Argelia. Pero estaba el problema de Gran Bretaña, que no estaba dispuesta a que Francia controlara el otro lado del estrecho —tan cerca de Gibraltar— y extendiera de tal forma su poder e influencia en el Mediterráneo. ¿La solución? España. Otorgando el control del norte de Marruecos a una potencia menor como España y el resto a Francia, se alejaba el peligro de la hegemonía francesa en el Mediterráneo y de la amenaza sobre Gibraltar.  Es de este modo que España se vio abocada a la Guerra del Rif, más por los intereses franceses que por  los propios.

El punto de partida

revista nuevo mundo
General José Marina Vega (1850-1926)
en la revista Nuevo Mundo.
     En 1909 España sólo ocupaba en su zona correspondiente del protectorado las plazas históricas de Ceuta, Melilla, las Chafarinas, el peñón de Alhucemas y el de Vélez de la Gomera. Casi necesariamente la conquista debía partir de alguna de estas plazas fuertes. El azar quisto que fuera Melilla. El estado de anarquía permanente del Rif había degenerado en numerosos secuestros de europeos, así como en ataques a los trabajadores europeos de las minas y los ferrocarriles del Rif y otro tipo de incidentes de mayor gravedad. El 19 de julio de aquel año, uno de dichos incidentes culminó con la muerte de seis trabajadores del ferrocarril en las cercanías de Melilla. El entonces comandante general de Melilla, el general José Marina Vega, se vio obligado a abandonar los límites de la ciudad para garantizar la protección de los europeos del Rif, iniciando sin saberlo una cruenta guerra. Comenzaba así la Primera Campaña de España en Marruecos,más conocida como la Guerra de Melilla.

Los primeros combates

      En aquella primera salida el general Marina tomó las cercanas posiciones en las lomas del monte Gurugú de Sidi Musa, Sidi Ahmed y Sidi Alí; si bien el 18 de julio los rifeños contraatacarían logrando entrar en Sidi Ahmed, aún sin fortificar, sálvandose la posición sólo gracias a la heroica lucha de dos oficiales de artillería, un capitán y el comandante Royo, que murieron defendiendo los dos cañones de la posición.

      Cuatro días después los rifeños atacarían de nuevo varias columnas y posiciones españolas, causando 26 muertos y varios cientos de heridos, la mayor parte provocados, pese a la presencia en primera línea del general Marina, por la patente carencia de mapas y de información sobre el enemigo que padecían las tropas españolas.

El paso en falso: el desastre del Barranco del Lobo

melilla al fondo
Vista actual del Barranco del Lobo, con Melilla al fondo.
      El 27 de julio las líneas de suministro por ferrocarril de las posiciones avanzadas habían sido cortadas por los rifeños, motivo por el que el general Marina tuvo que ordenar al coronel Fernández Cuerda escoltar un convoy de mulas, cuyo flanco sería protegido a su vez por el general Pintos Ledesma. Los rifeños, que dominaban a la perfección el enmascaramiento y la ocultación, atacarían la columna de Pintos por el flanco, siendo fácilmente rechazados con el apoyo de la artillería española del fuerte de Camellos y del Hipódromo. Pero —aquí comenzó el desastre— en el transcurso de la refriega el general Pintos se metió por error y de nuevo por la terrible falta de mapas en el Barranco del Lobo, un recoveco fácil de hostigar en los altibajos del Gurugú. Así sucedió. Los españoles fueron emboscados, desatándose una cruenta lucha en la que caería el propio general Pintos y que no terminaría hasta que el coronel Axó acudiera en refuerzo con sus tropas y con la propia escolta del convoy de mulas. Una victoria pírrica en toda regla. Las bajas fueron devastadoras: 17 jefes y oficiales, 136 sargentos, cabos y soldados caídos; y más del doble de heridos.

El plan

Globo tipo cometa y tipo esférico en el Parque de
Aerostación de Guadalajara
    El general Marina, que entonces contaba ya con 17.000 soldados —valga como inciso que fueron precisamente los refuerzos de la Guerra de Melilla los que desataron en aquellas fechas los desafortunados incidentes de la Semana Trágica de Barcelona—, debía replantearse la situación. La principal carencia de las tropas españolas, el motivo por el que continuaban "metiendo estrepitosamente la pata", era la falta de mapas y el desconocimiento del enemigo. ¿Cómo solucionarlo? Con un arma innovadora, dotada de la más puntera tecnología y en cuya aplicación militar España había sido pionera: el globo aerostático.



desde la mar chica
El monte Gurugú en la actualidad
      Ya el día 26 se habían enviado hacia Melilla desde el Parque de Aerostación de Guadalajara dos globos, el Reina Victoria de tipo cometa, y el Urano, esférico. Tenían tres objetivos: adquirir conocimientos del campo elaborando mapas y sacando fotografías, la observación del enemigo y sus movimientos, y la corrección del fuego de artillería. Exactamente lo que había faltado en el Barranco del Lobo y los combates anteriores. Por el destacamento de globos pasarían 7 oficiales y 118 sargentos, cabos y soldados. El plan era recopilar información con los globos e ir rodeando el Gurugú —posición clave en la región donde se escondían los rifeños— de posciones españolas de cara a su acometida final, siempre guiando el fuego de artillería desde los globos, a los que se ataría un cable telefónico para transmitir instantáneamente la información. El dos de agosto ya estaban listos para actuar.

La prueba de fuego

Bombardeo de la artillería española a los soldados rifeños
 cercanos al Gurugú desde el Fuerte Camellos en 1909.
      El 3 de agosto los rifeños atacarían el blocao Velarde —una pequeña fortificación avanzada—, saliendo a enfrentarlos una pequeña columna mandada por el entonces coronel Miguel Primo de Rivera —nada le haría sospechar en aquel momento bajo el fuego enemigo que años después él mismo pondría fin a la guerra ya como dictador—. El capitán Gordojuela se elevó rapidamente con el Urano desde el Hipódromo, descubriendo un campamento rifeño con 300 o 400 combatientes y transmitiendo inmediatamente la posición por cable a las baterías de Fuerte Camellos, donde se enterraron las cureñas de los cañones para ganar alcance, bombardeando el campamento enemigo con una precisión milimétrica, provocando una matanza y dispersando a los supervivientes. Ese mismo día se realizarían nuevas salidas en globo realizando mapas y tomando fotografías del Gurugú.

      Los globos habían demostrado su valía, repitiéndose en adelante las ascensiones para dirigir el fuego artillero desde tierra y desde los cruceros en el Mediterráneo.

El resultado de la nueva estrategia

      Los avances fueron ya sistemáticos y se sucedieron uno tras otro, siendo frecuentes los episodios de heroísmo como el sacrificio del cabo Noval. El 25 de septiembre tropas españolas tomaron Tauima y Nador, el 27 Zeluán y el 29, al fin, se plantó la bandera española en la cima del monte Gurugú.

Soldados del Batallón de cazadores de Tarifa en las proximidades de Nador.

      El 30 de septiembre los globos volvieron a demostrar su valía al alertar de la presencia de más de 16.000 soldados de las cabilas del Rif en las cercanías permitiendo la retirada escalonada de las tropas de reconocimiento, no dejando atrás ni un solo soldado herido y no llegando a perderse ni una pieza de artillería, que se retiraban una a una cubriendo las últimas a las primeras. Una situación similar se daría el 17 de octubre, con la complicación de que los rifeños llegarían a cortar el cable telefónico, salvando la situación transmitiéndo las órdenes a golpe de bocina.

      Cuando las tropas españolas avanzaran el 7 de noviembre sobre Hidum y Taguilmamin guiados por globos, los rifeños habían sufrido ya de manera tan sangrante la precisión de la artillería guiada por globo, que se limitaban a abandonar sus posiciones en cuanto veían a los globos acercarse y a vigilar los avances españoles en la distancia. La eficacia de los globos militares españoles era proverbial.

Se acerca el final

      El 8 de noviembre, sintomático de la inminente victoria, el diario ABC publicaba las siguientes declaraciones del general Marina:

El objetivo de la campaña, en lo principal, se puede dar por terminado. Nuestra línea militar tiene ya longitudinalmente cerca de 100 km y ejercemos, si no soberanía, porque esta palabra estaría reñida con el Acta de Algeciras, protección, mejor dicho, dominio, en un territorio que abarca un área de 300 km cuadrados aproximadamente.

      El general Marina, un personaje carismático y tras la guerra, también popular, encarnaba a la perfección el espíritu del guerrero caballeresco y noble:

Hemos hecho esta guerra como cumple realizarla a una nación civilizada que se ve obligada a castigar y ocupar territorios. Pero nuestra guerra, la guerra de una nación en estos momentos y en esta forma, no es, no puede ni debe ser la guerra de los vándalos y suevos; no es la guerra de exterminio y explotación —¡cuán equivocado estaba, como se descubrirá tras la salvaje masacre de Annual y el implacable desembarco de Alhucemas!—.


El final de la campaña de 1909

      El 18 de noviembre se realizó el primer plan de operaciones a distancia de la historia, reuniéndose el Estado Mayor en Madrid para estudiar a más de 800 km del frente las fotografías aéreas tomadas desde los globos y decidir los siguientes pasos, señal todo ello del carácter premonitorio de la Guerra de Melilla, que avanzaba los rasgos característicos de la guerra moderna. En aquella conferencia se decidió terminar la campaña con una operación victoriosa, ocupando algún objetivo de importancia táctica, estratégica y política.

General Marina a caballo dirigiendo a la tropa en 1909.
      El objetivo seleccionado para la última operación de la campaña sería la meseta de Atlatén. El 26 de noviembre el general Marina dirigiría personalmente, secundado por el globo Urano, a los 17.000 infantes, 2.000 jinetes y 11 baterías de artillería que la asaltarían. Para ello dividiría las tropas en tres columnas, de las cuales sería la del general Huertas la que llevara al globo elevado en su avance por el río Uixan y la del general Morales la única ligeramente hostilizada, pues de nuevo el globo demostró su efectividad para ganar batallas sin necesidad de cruentos combates, espantando a los rifeños con su sola visión. Los dos jefes rebeldes, El-Mizzián y El-Chadly, huyeron de la zona y los españoles tomaron la meseta sin sufrir ni una sola baja.

      Al día siguiente cuatro caídes de Beni Sidel y una delegación de los cadías de Beni Bu Ifrur se presentaron en Nador ante el general Marina ofreciendo sumisión y pidiendo la protección de España. La Primera Campaña de Marruecos, la llamada Guerra de Melilla, había terminado. Las tropas españolas habían pacificado la zona de Melilla, protegido a los trabajadores europeos del ferrocarril, y extendido sus dominios más de 300 kilómetros cuadrados; habían hecho uso de innovaciones tecnológicas sin precedentes y exprimido al máximo la tecnología del globo aerostático, pero la Guerra del Rif no había hecho más que empezar.

Curiosidades

Cromo de 1921 del general Marina sobre la Campaña de 1909.

     Esta primera campaña fue muy popular en España, llegando a imprimirse todo tipo de historietas e incluso cromos con las hazañas y avances de la contienda. El general Marina se convirtió en un personaje popular y corrieron canciones y rimas sobre las victorias —incluidas las amargas como el desastre del Barranco del Lobo—.



      Los soldados de la compañía de aerostación volaron a Madrid, donde fueron recibidos como héroes con un gran desfile antes de regresar a su cuartel general en Guadalajara. Valgan como anécdota las memorias del capitán Herrera, que relatan con ironía como las coronas de laurel que les colocaron que tanto orgullo les causaban, no le producían sino un enorme apetito a su caballo, que trató de comérselas durante todo el desfile.

      El uso militar de los globos fue pionero y de una efectividad letal. La toma del Gurugú en actuación conjunta con los globos aerostáticos tuvo resonancia mundial. Prueba de ello es que los globos españoles fueron la mejor propaganda de su fabricante, la alemana August Riedinger, que utilizó las imágenes de los globos españoles de esta campaña en Maruecos en sus folletos de propaganda en los años posteriores. Los globos ya habían comenzado a emplearse con aplicación militar en la reciente Guerra Ruso-japonesa; pero tanto por la letal efectividad que alcanzaron como por la vital importancia que tuvieron en la victoria y en reducir el número de bajas, o quizá por la cercanía con Europa, lo cierto es que su resonancia fue mucho mayor en la campaña marroquí.

      El uso de los globos también fue pionero en el ámbito civil, comenzando a enviarse fotos tomadas desde los globos a los periódicos. Fueron avanzados de su tiempo los fotógrafos Ramón Alba de ABC y Campúa de Nuevo Mundo, que ascendieron en numerosas ocasiones en los globos acompañando a los soldados aerosteros y tomando algunas de las primeras fotografías aéreas de la historia para periódicos.


 FUENTES:
 *DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: Historia Militar Técnicas, estrategias y batallas, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: España, tres milenios de historia, Marcial Pons, Madrid, 2007.
* CARR, Raymond: España de la Restauración a la democracia, 1875~1980, Ariel Historia, Barcelona, 2008.





OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA COLONIZACIÓN ESPAÑOLA EN ÁFRICA:
- EL CABO NOVAL: el soldado que con su vida salvó todo un campamento
- El primer plan de operaciones a distancia de la historia: la conferencia de Melilla
- IFNI: la última conquista española y la única de La II República


OTRAS ANÉCTODAS SOBRE AVIACIÓN:
- EL CAPITÁN MONTÙ: el primer piloto herido en combate de la historia
- LA BATALLA DE MALTA o cómo hundir un buque con una botella

jueves, 19 de marzo de 2015

EL PRIMER PLAN DE OPERACIONES A DISTANCIA DE LA HISTORIA: la conferencia de la Guerra de Melilla (1909)

Antecedentes

      En julio de 1909 España se había visto arrastrada por el juego de las grandes potencias a una indeseada guerra contra las indómitas cabilas del Rif, comenzando así la Primera Campaña en Marruecos, más conocida como la Guerra de Melilla.

      El 21 de octubre de 1909 caía, muy influido por la Semana Trágica de Barcelona y el Desastre del Barranco del Lobo, el gobierno del conservador Antonio Maura; subiendo así al poder el liberal Segismundo Moret. Ese mismo día tomaba posesión el nuevo ministro de la Guerra, el teniente general Agustín Luque y Coca. Entre los primeros actos del nuevo ministro de la Guerra estuvo el aprobar un crédito extraordinario de 67.610.420 pesetas para las operaciones en África, reflejo del deseo del nuevo Gobierno de poner fin a la guerra.

La anécdota

ministro de guerra español
General Agustín Luque y Coca,
ministro de Guerra de España.
 // Fotografía de Kaulak.


      En noviembre de 1909 esta primera fase de la guerra estaba tocando a su fin. Con vistas a terminar la guerra con una operación victoriosa de ocupación de algún enclave de importancia táctica, estratégica y política que pudiera reforzar al nuevo Gobierno; el 18 de noviembre se celebró una conferencia telegráfica entre el ministro de la Guerra, el general Luque, y el general al mando de las operaciones en el frente de Melilla, el general José Marina Vega. Se decidió que el objetivo a conquistar para poner fina a la campaña sería la meseta de Atlatén.




en el RIF 1909
General Marina, comandante
genral de Melilla en 1909.

      Fue la primera vez en la historia en que las fotografías aéreas se estudiaban a más de 800 kilómetros del frente por un Estado Mayor —reunido en Madrid— sin ver un solo palmo de terreno pero proponiendo un plan de operaciones basado en el completo conocimiento de la zona. Valga recordar que la Primera Campaña de Marruecos había sido pionera en el uso de los globos, desde los que se cartografiaba el terreno, se tomaban fotografías del campo enemigo, se observaban los movimientos del contrario y se corregía con precisión letal el tiro de la artillería. Todo ello acelerado con el empleo de hilo telefónico atado al propio globo aerostático.


      El resultado de la conferencia fue la toma de la meseta de Atlatén el 26 de noviembre sin sufrir una sola baja, poniendo así fin a la Primera Campaña de Marruecos o Guerra de Melilla. Los españoles dominaban ya una zona de más de 300 kilometros cuadrados partiendo de Melilla.


1880 junto a Cibeles
Ministerio de la Guerra en Madrid en 1880 junto a Cibeles.

      Fue una campaña pionera en el uso de la tecnología para la guerra, quizá una premonición de la eficacia genocida que alcanzaría el desarrollo tecnológico y armamentístico en la inminente Primera Guerra Mundial.

 FUENTES:
 *DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: Historia Militar Técnicas, estrategias y batallas, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.






OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA COLONIZACIÓN ESPAÑOLA EN ÁFRICA:
- EL CABO NOVAL: el soldado que con su vida salvó todo un campamento
- Cuandlo LOS GLOBOS OTORGARON LA VICTORIA: La Guerra de Melilla (1909)
- IFNI: la última conquista española y la única de La II República


OTRAS ANÉCTODAS SOBRE AVIACIÓN:
- EL CAPITÁN MONTÙ: el primer piloto herido en combate de la historia
- LA BATALLA DE MALTA o cómo hundir un buque con una botella

EL CABO NOVAL: el soldado que con su vida salvó a todo un campamento

de Mariano Benlliure
Monumento al cabo Noval en la Plaza de Oriente
en Madrid. Obra de Mariano Benlliure.
Antecedentes

      En 1909 España, que acababa de perder sus últimas colonias de ultramar, luchaba una guerra de conquista en Marruecos empujada por Francia. La campaña de aquel año pasó a la historia como la Primera Campaña de Marruecos o la Guerra de Melilla.
   
      Luis Noval Ferrao, popularmente conocido como el cabo Noval, fue un soldado español oriundo de Asturias que ingresó en el Tercer Regimiento de Infantería del Príncipe, fue destinado a Marruecos y participó en la toma del Zoco el Had de Beni Sicar en septiembre de 1909.

La anécdota

      La noche del 27 al 28 de septiembre el cabo Noval recorría los puestos exteriores del recién conquistado Zoco cuando fue víctima de un ataque nocturno de los rifeños, cayendo prisionero mientras se retiraba hacia la posición principal con otros dos centinelas.

      Los moros le amenazaron ordenándole gritar "¡somos españoles!" y a dar el santo y seña, pero Noval no era hombre nacido para ser doblegado. Cuando se aproximaban al campamento español, haciendo acopio de toda su valentía, consciente de que su destino era la muerte y en un alarde de entereza y amor a su patria y a sus hermanos de armas gritó: "Tirad sobre nosotros, que son moros los que vienen conmigo! ¡Fuego! ¡Viva España!" Los soldados de la posición obedecieron y abrieron fuego sobre la voz que les gritaba. Al amanecer encontraron el cuerpo de Noval junto a los de dos moros. Noval, con su sacrificio, había salvado la recién conquistada posición y la vida de todos sus compañeros que se guarnecían en el interior.

      Sirva como refuerzo de su hazaña que la costumbre de las cabilas del Rif con los prisioneros españoles que rendían su posición siguiendo la doctrina de la "guerra entre caballeros" de los europeos en el siglo anterior, era, en el mejor de los casos, la decapitación. Pasando por castraciones, violaciones y todo tipo de torturas. Sin duda salvó a sus compañeros, a sus hermanos de armas, de una muerte horrible.

Tras su muerte

      Por su sacrificio se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando. Su gesta se convirtió en símbolo del patriotismo español, levantándose un monumento en su honor en 1912 en la mismísima Plaza de Oriente de Madrid, frente al Palacio Real, y cercado por las estatuas de los prístinos monarcas ibéricos que desde sus pedestales parecen admirar la gesta del humilde soldado.


 FUENTES:
 *DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: Historia Militar Técnicas, estrategias y batallas, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.



OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA COLONIZACIÓN ESPAÑOLA EN ÁFRICA:
- IFNI: la última conquista española y la única de La II República
- Cuandlo LOS GLOBOS OTORGARON LA VICTORIA: La Guerra de Melilla (1909)
- El primer plan de operaciones a distancia de la historia: la conferencia de Melilla


OTRAS ANÉCTODAS SOBRE AVIACIÓN:
- EL CAPITÁN MONTÙ: el primer piloto herido en combate de la historia
- LA BATALLA DE MALTA o cómo hundir un buque con una botella

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Puede un solo soldado decidir una batalla? -> EL COMBATE DE FLAMBOROUGH HEAD


      El 23 de septiembre de 1779, en plena Guerra de Independencia de EE.UU., dos naves, el Bonhomme Richard de la armada norteamericana y el HMS Serapis de la Royal Navy, se enfrentaron en mortal duelo en aguas del mar del Norte. La hazaña de un soldado anónimo decidiría el curso de la batalla.

duelo naval británicos vs biratas norteamericanos
Recreación de un duelo naval entre británicos y piratas americanos de la saga de videojuegos Assassin´s Creed.

ANTECEDENTES

      Desde el estallido de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos en 1773, se hizo patente la necesidad de crear una armada capaz de atacar las líneas de suministro británicas en alta mar. En 1775 nacía así la armada de los EE.UU., que progresivamente ganaría en potencia y capacidad. La inmensa mayoría de las naves norteamericanas eran entonces mercantes reconvertidos, que no obstante se adentraban con una frecuencia cada vez mayor en aguas internacionales en busca de naves de suministro británicas, llegando en algunas ocasiones incluso a las mismísimas costas de Inglaterra.



por Charles Wilson Peale
Capitán John Paul Jones (1747-1792). Obra de
Charles Wilson Peale, pintado durante la estancia
 de Jones en EEUU en 1981 para que el Congreso
 aprobara la concesión de la Cruz Francesa del 
Mérito Militar (oro sobre cinta azul en el retrato).
LOS CONTENDIENTES

      Uno de estos buques mercantes reconvertidos en naves de guerra fue el mercante francés transformado, armado con 42 cañones y renombrado como Bonhomme Richard. Estaría mandado por el mismo que lo renombrara, el mítico capitán John Paul Jones (John Paul de nacimiento, añadiría posteriormente "Jones" para darle un toque más romántico), brillante e intrépido marino originario de Kirkbean (Escocia) al servicio de los EE.UU. en la Guerra de la Independencia, considerado junto a John Barry padre de la armada norteamericana y cuyas hazañas en aguas británicas le darían fama mundial.

      Intrépido y aveces temerario, Jones llegó a adentrarse tanto en aguas británicas como aquel 23 de septiembre de 1779, cuando se topara frente a Flamborough Head (un cabo en Inglaterra) con la flota de mercantes británicos del Báltico, escoltados por el HMS Serapis, de 44 cañones y capitaneado por Richard Pearson.




LA ANÉCDOTA


Grabado sobre la mítica batalla de Flamborough Head entre el
Bonhomme Richard (ardiendo en la imagen) y el HMS Serapis el
 23-9-1779, actualmente accesible en la Bilblioteca del
Congreso de los Estados Unidos.
      Al avistar a la flotilla John Paul Jones se aproximó a la misma sin izar la bandera norteamericana, si bien el cauto capitán Richard Pearson, "por si las moscas", preparó al Serapis para el combate. Cuando se encontraron a unos 90 metros, Jones izó la bandera y ambos navíos abrieron fuego. Con la segunda andanada dos de los cañones del Bonhomme Richard explotaron, entonces Jones viró para barrer las cubiertas del Serapis, pero el viento viró en su contra y ambas naves quedaron trabadas proa con popa en proverbial combate digno de la más espectacular escena de la saga hollywoodiense de Piratas del Caribe. Tras más de 3 horas de intenso combate disparando a quemarropa y con varios cañones menos, los daños del Bonhomme Richard eran ya inasumibles y el barco comenzaba a hundirse. Cualquier capitán medianamente cauto y diligente habría optado por rendirse y salvar la vida de la tripulación, pero John Paul Jones no era un capitán cualquiera. Impetuoso, temperamental, ávido de gloria y dispuesto a pelear hasta el último hombre y a hundirse con su nave y su tripulación, Jones ordenó proseguir con la lucha con su hoy mítica sentencia "¡todavía no he empezado a combatir!". Una decisión que, dadas las circunstancias, lo normal es que le hubiera llevado a una pronta muerte encumbrándose como mártir de la causa de los rebeldes norteamericanos. En cambio los caprichos del azar tenían planeado otro destino para Johne Paul Jones, pues en desventaja numérica, con menos cañones y el barco hundiéndose; un miembro anónimo de la tripulación de Jones se encaramó a la jarcia arrojando con todas sus fuerzas —quizá con gran pericia, quizá investido por la fortuna de alguna quimérica alineación planetaria— una granada que se coló por la escotilla del Serapis, topando casualmente con un cúmulo de municiones y provocando una explosión que acabó con gran parte de la tripulación y destruyó los cañones de la cubierta inferior provocando el caos. El cauto capitán Pearson, que hasta entonces había dominado la situación con templanza y precaución, actuó en forma contraria a Jones y se rindió ante el victorioso capitán. Un simple infante lo había logrado, había cambiado el curso de la batalla.

CONSECUENCIAS

      Jones contó 150 muertos o heridos de 322,  Pearson 130 de 284 y el convoy británico escapó. Sobre el papel era una victoria británica. Pero en verdad Jones había logrado la mayor victoria de la armada norteamericana hasta el momento, había rendido a un capitán británico y capturado su nave. Ello le haría merecedor de la Cruz Francesa del Mérito Militar (ver retrato), que recibió del manos del mismísimo Luis XVI en 1780, omnipotente monarca al que por entonces ni por asomo se le ocurriría pensar que iba a ser depuesto 9 años despúes y guillotinado en 1793 en la Plaza de la Revolución.

      La condecoración sería aprobada el año próximo (1781) por el Congreso de los Estados Unidos, prueba de la fama mundial que había logrado, pues fruto de su consabido narcisismo y su impetuoso temperamento, se había granjeado numerosos enemigos en las altas esferas de la nueva nación americana, lo que no fue obstáculo para que se reconocieran sus hazañas y su aportación a la causa estadounidense.

      Por ello, podría haber optado como otros foráneos adheridos a la causa de la revolución americana y convertidos en héroes de la independencia como el barón Von Steuben, por terminar sus días viviendo de rentas en la nueva nación que se alzaba firme en el "Nuevo Mundo", pero John Paul Jones no era hombre capaz de vivir de rentas, su patria era la mar, su hogar la nave de combate y su razón la gloria militar. Optó por seguir combatiendo donde pudiera, alistándose en la Flota Imperial Rusa como comandante e incrementando así su fama y sus hazañas en la guerra contra el Imperio Turco hasta su traslado a París en 1790 para morir dos años después. Si bien sus restos serían trasladados a Estados Unidos en 1913 para ser depositados en la capilla de la Academia Naval de Annapolis, donde aún a día de hoy continúa siendo recordado como el gran hombre que fue: un alma libre, un héroe, un aventurero y un gran estratega; pero ante todo, un marino.

FUENTES:
*DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: El arte de la guerra: estrategia militar hasta el siglo XX, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*GRANT, R.G.: 1.001 batallas que cambiaron el curso de la historia, Grijalbo, 2012, Barcelona.


PÁGINAS DE INTERÉS:
- Sección de la Guerra de Independencia de EE.UU. del Servicio de Parques Nacionales de los EE.UU.

OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA INDEPENDENCIA DE LOS EE.UU.:
- EL BARÓN VON STEUBEN: el renegado que sentó las bases del ejército de los EE.UU.

OTRAS GRANDES DERROTAS DEL IMPERIO BRITÁNICO:
- MEDIOHOMBRE: el almirante que evitó que Hispanoamérica cayera bajo dominio británico.

miércoles, 4 de febrero de 2015

El renegado prusiano que sentó las bases del ejército de los EE.UU.: EL BARÓN VON STEUBEN

Este artículo está dedicado a los amantes de las anécdotas históricas de los EE.UU., la segunda comunidad de lectores más asidua y numerosa de Tus Anécdotas Históricas después de la española. A ese fiel 26% de lectores, a todos vosotros: GRACIAS.

El barón von Steuben (1730-1794).// Pintura de
Ralph Earl de la 2ª mitad del s.XVIII.


      Friedrich Wilhelm Ludolf Gerhard Augustin von Steuben, más conocido como el barón von Steuben, fue un excéntrico oficial prusiano nacido en 1730 en Magdeburg (Prusia por entonces, Alemania en la actualidad). Cualquier nexo aparente de unión entre Steuben y la independencia de los EE.UU. es a todas luces, cuanto menos, inverosímil. Sin embargo un pequeño pero azaroso desencadenante conduciría a este rígido oficial prusiano al tablero americano en plena Guerra de Independencia. En 1763 perdería su puesto en el ejército prusiano por razones no del todo claras, si bien una de las teorías defiende que se debió a su presunta homosexualidad. Desempleado y sin más oficio a sus espaldas que sus dotes militares, se presentó ante George Washington en el cuartel general de invierno del Ejército Continental en febrero de 1778. Un gesto impulsivo de un rígido oficial prusiano que terminaría inclinando la balanza a favor de los rebeldes americanos.


El panorama a su llegada

de Gilbert Stuart
George Washington (1732-1799).
Por Gilbert Stuart en 1796. Hoy
en la Casa Blanca.
      Sería entonces en febrero de 1778 cuando el barón von Steuben se presentara en Valley Forge ante George Washintgon, comandante en jefe de un ejército de rebeldes, más bien una horda indisciplinada y sin entrenamiento militar. Basta recordar que el llamado "Ejército Continental" en aquel momento se componía de una enorme masa de pseudomilicianos sin experiencia bélica alguna, más allá de los cazadores de la zona occidental, pioneros colonos de una región donde la lucha por la supervivencia era constante, famosos por su puntería y su entereza ante las adversidades, pero terriblemente indisciplinados; así como un reducido número de veteranos del ejército británico que apenas lograban mantener un mínimo de disciplina y cohesión. La misión de Steuben se mostraba prácticamente imposible. Aún así, en aquella entrevista con Washington, el barón se ofreció como instructor sin paga. Como no podía ser de otra forma, Washinton saldría encantado de la entrevista, pues aquel rígido oficial prusiano parecía perfecto para transformar a la turba de reclutas ignorantes que tenía a sus órdenes en un entrenado y disciplinado ejército. Steuben se pondría inmediatamente manos a la obra. Como buen alemán (prusiano en realidad), no era hombre que gustara de perder el tiempo.

     Desde el primer minuto su excéntrica personalidad le granjeó el respeto y admiración de la tropa. El barón, que comenzó instruyendo reclutas que hasta carecían de uniformes, daba la instrucción con su uniforme completo de gala maldiciéndoles y gritándoles en alemán a cada fallo o indisciplina de sus subordinados. El principal problema de Von Steuben fue el idioma, pues apenas hablaba inglés, lo que solventó haciéndose acompañar las 24 horas de un traductor, a quien a menudo le gritaba: "¡Aquí! ¡Maldícele a éste de mi parte!".
   

El programa de adiestramiento

      Para agilizar la instrucción y hacerla notablemente más eficaz, redactó un programa de instrucción. Dicho programa articuló un sistema de adiestramiento progresivo consistente en crear una compañía modelo de 180 hombres escogidos por su disciplina y capacidad, que más tarde instruirían a otros voluntarios a nivel de regimiento y brigada.

edwin austin abbey
El barón Von Steuben entrenando a la tropa en Valley Forge el invierno de 1778.// Obra de Edwin Austin Abbey (1852-1911). Mural de la capilla de la Casa de Representantes de Pensilvania del Capitolio del Estado en Harrisburg.
      El adiestramiento comenzaba a nivel de soldado raso individual con y sin arma, para después pasar a instruir a todo el regimiento. Más tarde el oficial al mando de cada compañía sería a su vez encargado de la instrucción de los nuevos reclutas que llegaran a su compañía. Con intención de tornar en todavía más ágil y eficaz la instrucción, el barón redactó asimismo un simplificado manual de manejo de armamento.

El Manual

      En aquella época afinar la puntería era algo que requería demasiado tiempo de entrenamiento con los rudimentarios fusiles de la época, siendo que los combates normalmente se entablaban a menos de 50 metros de distancia. El barón Von Steuben era consciente de ello. La clave radicaba en la velocidad de disparo. Por eso se concentró en lograr que  la tropa fuera capaz de disparar una descarga cerrada, recibir otra de un enemigo ya diezmado —por lo que sería menos efectiva— y volver a disparar antes que el contrario, que ya quedaría completamente diezmado y con una capacidad de combate ínfima. Para ello era necesario entrenar la instrucción en orden cerrado hasta que los movimientos de recarga del fusil alcanzaran una perfección mecánica. Dicho manual lograba una descarga con 10 voces de mando y 15 movimientos entre descarga y descarga siguiendo este esquema:

                         1ª voz: ¡Medio amartillar la llave! => 2 movimientos.
                         2ª voz: ¡Coger cartucho! => 2 movimientos.
                         3ª voz: ¡Cebar! => 1 movimiento.
                         4ª voz: ¡Cerrar cazoleta! => 1 movimiento.
                         5ª voz: ¡Cargar el cartucho! => 2 movimientos.
                         6ª voz: ¡Coger la baqueta! => 2 movimientos.
                         7ª voz: ¡Empujar el cartucho! => 1 movimiento.
                         8ª voz: ¡Retirar la baqueta! => 2 movimientos.
                         9ª voz: ¡Amartillar la llave! => 1 movimiento.
                         10ª voz: ¡Fuego! => 1 movimiento.

      El soldado practicaba y repetía dicho esquema individualmente hasta haber alcanzado destreza suficiente —lo que solía ocurrir con bastante celeridad—, momento en el que era colocado en grupos de 3 y más tarde de 12 para que asimilara que no era peligroso hacer los movimientos tan juntos y en grupo si se hacían bien y perfectamente sincronizados. Algo esencial en la guerra del siglo XVIII. Se le enseñaba además a marchar a izquierda y derecha, a marchar en columna y a desplegar en línea. Se le inculcaba a fuego la idea de que la alineación era fundamental para para lograr buenas descargas con seguridad.

      Igual de importante que la velocidad de disparo era el uso de la bayoneta, pues muchas veces decidía el lado por el que se decantaba una batalla cuando ambas fuerzas estaban parejas, una de ellas ni siquiera tenía bayonetas con las que frenar la carga o estaban mal entrenadas en su uso. Este era el auténtico talón de Aquiles del ejército continental, compuesto por tropas que muchas veces no tenían bayonetas, y cuando las tenían las usaban más como instrumento de cocina o herramienta que como arma de combate, lo que les había hecho perder más de una batalla y depender de su fuego para ganar batallas —véase Lexinton y Bunker Hill—. Por ello Von Steuben se centró particularmente en conseguir cargas a la bayoneta verdaderamente efectivas.


La prueba de fuego: la batalla de Monmouth

      Sería el 28 de junio de 1778 cuando los hasta entonces indisciplinados reclutas de Steuben deberían demostrar su adiestramiento y valía frente al ejército más poderoso del mundo: el ejército británico.  En aquel verano el nuevo comandante brtánico, el general Henry Clinton, recibió órdenes de adoptar una estrategia defensiva —consecuencia de la derrota de Saratoga y la reciente entrada de Francia en la guerra—. Por ello se dirigió con su ejército desde Filadelfia hacia Nueva York en el norte.
      Washington, que gozaba de una notable red de espías, conoció de sus movimientos y se dirigió rápidamente a interceptarlo. Una avanzadilla americana de 5.000 hombres al mando de Charles Lee contactó con un destacamento británico de unos 1.500 hombrees, que enseguida se vio reforzado por otros 5.000. Las tropas americanas cedieron ante las disciplinadas tropas británicas y huyeron en desbandada. La eterna historia del ejércto continental en las primeras fases de la guerra parecía volver a repetirse. Si bien Washington, al llegar con el grueso de las tropas, logró volver a formar a las tropas que huían y desplegar ordenadamente a su ejército, unos 13.000 hombres que debían hacer frente a otros 13.000 británicos. A fuerzas parejas, raramente lograban los americanos hacer frente a los británicos. Pero esta vez sí. Los continentales, tras largos meses de entrenamiento y perfeccionamiento en Valley Forge, no sólo resistirían  ordenademente los ataques ingleses, sino que lograrían rechazarles e incluso lanzar varios contraataques a la bayoneta —algo en lo que se volvieron mortalmente eficaces, como se mostraría un año después con la victoria de Stony Point, en la que la carga a la bayoneta decidiría la batalla— hasta la caída del sol. Diezmados y agotados, los británicos huyeron durante la noche hasta la costa, donde serían evacuados por la Royal Navy. Las bajas americanas fueron de 109 muertos y 161 heridos frente a los 207 y 170 británicos. Una victoria. El barón Von Steuben había logrado transformar una turba de reclutas sin adiestramiento en disciplinados y eficaces soldados. Ello le valdría el rango de general de división del ejército continental.

emanuel leutze
Washinton reorganizando a las tropas en la batalla de Monmouth (1778).//
Obra de Emanuel Leutze en 1854.


La otra gran aportación de Von Steuben: 
la organización de los campamentos

      Los campamentos militares americanos del momento eran una amalgama caótica de tiendas y cabañas donde los hombres hacían sus necesidades por doquier y los animales que morían o eran sacrificados, tras ser despojados de las partes aprovechables, quedaban abandonados en el mismo lugar en que caían. En tal situación las enfermedades se sucedieron e incluso produjeron más bajas que los propios combates. El barón le puso fin. Creó un plan para la distribución de las tiendas con hileras para el mando, los oficiales y la tropa; creando calles de tiendas por compañías y regimientos. Además dispuso que las letrinas y las cocinas se colocaran en extremos opuestos del campamento, estableciendo las primeras, siempre que fuera posible, río abajo o en la parte más baja de la colina. La mejora del aspecto sanitario fue más que patente. La proverbial organización germánica hizo aparición en el ejército estadounidense. Y lo hizo para quedarse, pues dichas normas de acampada y sanidad seguirían en vigor dos siglos después.

El final de la guerra

      Ascendido tras la batalla de Monmouth, el barón Von Steuben serviría bajo las órdenes del carismático Marqués de Lafayette en Virginia cuando el general británico Charles Cornwallis invadiera el estado, participando así en la decisiva batalla-asedio de Yorktown en septiembre-octubre de 1781, en la que 9.000 soldados estadounidenses bien adiestrados por Von Steuben y 7.000 soldados franceses hostigaron y asediaron a los 7.200 soldados británicos y alemanes de Cornwallis hasta lograr la rendición el 19 de octubre, acabando así las grandes operaciones de la Guerra de Independencia, que no obstante continuaría otros dos inútiles años. Estados Unidos se alzaba así en el concierto de las naciones con un aún reducido pero diestro y bien entrenado ejército, cuyos robustos cimientos se debían la capacidad, la disciplina, el carisma y la rigidez germánica de un hombre: el baron Von Steuben.

RECREACIÓN DE LA RENDICIÓN DE YORKTOWN EN LA PELÍCULA EL PATRIOTA, DE ROLAND EMMERICH (2000), EN V.O.:

En el vídeo puede apreciarse al general Cornwallis preguntándose como ha podido ser derrotado por una "chusma de campesinos".


charles willson
El barón Von Steuben entrado en edad.
Obra de Charles Willson Peale.
Tras la guerra

      Von Steuben, que podría haber optado por volver a su patria natal rico y victorioso, optó por asentarse en la nueva nación que tanto le había dado y por la que tanto había dado él, afincándose en Nueva York en unos terrenos cedidos en agradecimiento por sus servicios a la patria y con una pensión vitalicia. Von Steuben pudo elegir. Y eligió a los Estados Unidos.


FUENTES:
*DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: El arte de la guerra: estrategia militar hasta el siglo XX, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*GRANT, R.G.: 1.001 batallas que cambiaron el curso de la historia, Grijalbo, 2012, Barcelona.
*Sociedad histórica Bergen County
*HISTORY CHANEL: Historia de los Estados Unidos - Capítulo 2: Revolución.
                [El Barón Von Steuben aparece en el minuto 30]

ENLACES DE INTERÉS:
- Web de la Sociedad Histórica Bergen County

OTRAS GRANDES DERROTAS DEL IMPERIO BRITÁNICO:
- MEDIOHOMBRE: el almirante que evitó que Hispanoamérica cayera bajo dominio británico

OTRAS ANÉCDOTAS SOBRE LA INDEPENDECIA DE LOS EE.UU.:
- FLAMBOROUGH HEAD: Cuando un solo soldado decidió la batalla




martes, 16 de diciembre de 2014

CÓMO HUNDIR UN BUQUE CON UNA BOTELLA: La Defensa de Malta (1940-1943)

Lanchas rápidas italianas atacando Malta bajo el fuego de los
Spitfire ( 26 /7/1941, grabado del Malta at War Museum)
      Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial la isla de Malta —entonces bajo dominio británico—, se convirtió en centro de operaciones vital y estratégico desde el que atacar los convoyes italo-alemanes en el Mediterráneo o proteger los de los aliados. Pues Malta no solamente era pieza esencial de las líneas de abastecimiento británicas desde Gibraltar hasta Egipto, sino también punta de lanza desde donde atacar los convoyes italo-alemanes que abastecían a  sus ejércitos de África o incluso las propias bases navales del sur de Italia. Conscientes de lo esencial de la isla, las fuerzas del Eje la sometieron a duros e incesantes bombardeos desde 1940. La escasez de combustible, municiones y alimentos llegaría a ser alarmante.

A situaciones desesperadas, medidas desesperadas

Sir Hugh P. Lloyd en junio de 1941
(foto del MW Museum)
      El jefe de las fuerzas aéreas de la RAF encargadas de la defensa de Malta era el vicemariscal del aire —equivalente a un general de división— Sir Hugh Pughe Lloyd, de nombre cómico e ideas todavía más estrambóticas. Pero efectivas. Conocedor de la brutal carestía de todo tipo de pertrechos y, en particular, de aquellos que ostentaban un carácter más opulento como el alcohol; Sir Hugh decidió premiar con una botella  de ginebra Plymouth por cada barco enemigo hundido a la unidad que lo mandara a pique.

Ginebra Plymouth


¿El resultado?


       Dada la extremada dificultad para conseguir bebidas alcoholicas en la asediada isla, la medida fue en extremo apreciada por unos combatientes, los pilotos de la RAF, que partían cada día al combate conscientes de que podía ser su último vuelo —como efectivamente fue para la inmensa mayoría—. Una sana y efervescente competitividad haría mella en los pilotos de las fuerzas aéreas británicas de Malta.


Algunos de los 47 Spitfires que repostaron el 20/4/1942 (día
en que se tomó la fotografía, hoy en el MW Museum) en el
US Wasp. La inmensa mayoría serían derribados en menos de
48 horas.
      Consecuencia de ello derribarían por término medio unas 35.000 toneladas de buques italianos al mes y mandarían al fondo del Mediterráneo la mitad de los suministros que los navíos italianos enviaban al norte de África. Y ello con unas fuerzas, que pese a estar previstas en 50 cazas de combate en 1940, contarían con unos 12 aeroplanos de media debido a los fuertes ataques italianos y alemanes, llegando incluso a contar con tan sólo 3 o 4 aparatos para la defensa en determinados momentos. Los británicos perderían 840 aviones en la Defensa de Malta frente a los 1.450 alemanes e italianos, que jamás conseguirían rendir la isla.

     Malta sería la espina clavada en medio de las línesas de abastecimiento del Eje en África hasta la rendición de Italia el 8 de septiembre de 1943.


Buques de guerra italianos rumbo a Malta para su entrega a
los aliados tras la rendición de Italia (fotografía tomada el
10 de septiembre de 1943, hoy en el MW Museum)

    
Portada del Times de Malta del 8/9/1943,
dia de la rendición incondicional de Italia
(hoy en el Malta at War Museum)

FUENTES:
*DE MONTOTO Y DE SIMÓN, Jaime.-DE MONTOTO Y COELLO DE PORTUGAL, Jaime: Historia Militar Técnicas, estrategias y batallas, Libsa, Alcobendas (Madrid), 2013.
*MALTA AT WAR MUSEUM WEBSITE


ENLACES DE INTERÉS:
- Web del Museo MALTA AT WAR de Vittoriosa (Malta)


MÁS ANÉCDOTAS SOBRE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
- La breve historia de las gafas de Erwin Rommel


MÁS ANÉCDOTAS SOBRE AVIACIÓN:
- El primer piloto herido en combate de la historia: el capitán Montù
- Cuando los globos otorgaron la victoria: La Campaña de Melilla (1909)